Música pacifista 03: SPANISH BOMBS (The Clash)

Spanish songs in Andalucía
The shooting sites in the days of ’39
Oh, please, leave the ventana open
Federico Lorca is dead and gone

Los británicos The Clash son una de las bandas emblemáticas del primer movimiento punk anglosajón. ¿Quién no conoce sus archifamosos temas Should I Stay or Should I Go o London calling? ¿O quizá el I Fought the Law o la maravillosa versión en castellano Luché contra la ley que se marcó Loquillo?

Las letras de The Clash, bien impregnadas de mensaje y compromiso social, hicieron también un hueco a la Guerra Civil Española.

Hoy hablo de Spanish bombs, un corte incluido en el que se considera uno de los mejores discos de la historia de la música, London calling, de 1979.

Los españoles de mi generación, nacidos ya en democracia (y más o menos a la vez que The Clash publicaba el London calling), hemos tenido acceso a un amplio contenido histórico y cultural sobre nuestra Guerra Civil. Son muchos los artículos, documentales, novelas de ficción y películas que han querido recordar aquella guerra, desde las propuestas más generales con vocación histórica hasta aquellas más enfocadas en los personajes y sus pequeñas historias particulares.

Numerosas escritoras, escritores, cineastas y artistas españoles nos han dejado su visión de la Guerra Civil. Todo este material, sumado a la Historia objetiva y a los relatos propios de cada familia, nos han ayudado a componer nuestro particular mosaico de lo que supuso aquel conflicto.

Todos cargamos con nuestros sesgos, y por eso es muy enriquecedor conocer la visión sobre nuestra guerra que tienen en otros países. Como dice un amigo mío, para enterarte de lo que pasa en realidad en tu país, a veces es necesario acudir a la prensa extranjera. Y esto puede ser un buen motivo para escuchar con atención el Spanish bombs: ¿cómo ve el asunto un grupo punk-rock británico de los 70 y los 80? Otro motivo para poner en acción los altavoces es, por supuesto, el de disfrutar de la música de The Clash.

En lo musical, quien se acerque por primera vez a The Clash quizá espere una descarga de energía y rabia punk enaltecida. Pero no. Encontrará en Spanish bombs un sonido que hoy en día clasificaríamos casi más dentro del pop por su suavidad.

Y es que el punk, al fin y al cabo, está más en la intención y en el mensaje de fondo que en la música como tal.

Es una canción exótica por su mezcla de idiomas. Las frases pronunciadas con fuerte acento inglés imprimen una personalidad muy distintiva a este tema. Puede resultar extraño, pero a mí eso me encanta. Durante una etapa breve de mi vida, fui profesor de español como lengua extranjera en París. Aprecio mucho cuando una persona extranjera se esfuerza por hablar mi idioma. Sé lo que cuesta aprender lenguas, yo mismo he pasado centenares de horas (qué digo cientos, ¡miles!) estudiando inglés y francés. El español es una lengua maravillosa, para mí la mejor del mundo, en la única en la que puedo expresarme con total amplitud, y me encanta que las personas con otras lenguas maternas lo aprecien. A fin de cuentas, eso es también apreciar nuestra historia y nuestra inmensa cultura.

En cuanto al mensaje que transmite Spanish bombs, está trazado con palabras claves que, en lugar de plasmar ese mensaje con todas sus formas y detalles, lo sugieren. Yo diría que es una canción impresionista, sin contornos definidos ni detalles nítidos, pero con toda la fuerza.

Me parece que la parte más potente de la canción está ni más ni menos que en la mención a Federico García Lorca. The Clash denuncia así una de las consecuencias más nefastas de las guerras, y es que junto con las vidas humanas se pierden ideas, patrimonio, riqueza cultural y libertades. Es natural que unos músicos lamenten especialmente la muerte de los poetas.

Todo esto me hace pensar qué obras geniales podría haber producido Lorca si hubiera continuado vivo y libre para crear. Hubiera, a buen seguro, engrandecido aún más la cultura de mi país, este idioma que tanto quiero y al que cada obra literaria hace un poquito más grande. Para intentar concebir el tamaño de la pérdida cultural que supuso la guerra, a veces me gusta pensar en el gran escritor J. R. R. Tolkien (coetáneo de Lorca, por cierto, tan solo se llevaban ocho años). El autor de El Señor de los Anillos luchó en el frente durante la Primera Guerra Mundial, como tantos otros jóvenes pobres británicos. Pudo no haber sobrevivido a las trincheras. ¿Os imagináis todo lo que nos hubiéramos perdido si Tolkien hubiera muerto en la guerra? Nada menos que uno de los relatos más importantes e influyentes de los últimos cien años, tanto por sus aspectos literarios como comerciales. Quizá la Guerra Civil Española dejó entre sus muertos a otros escritores españoles que habrían cultivado, por ejemplo, géneros como la fantasía o la ciencia ficción. Una fantasía y una ciencia ficción que se vieron anuladas casi por completo durante la dictadura que siguió a la guerra. ¿Os imagináis toda la riqueza que puede haberse perdido para España y para nuestro idioma entre disparos y bombas?

Pero mejor no encerrarse en ese pensamiento tan demoledor. Hoy en día disfrutamos de libertad para crear. Aprovechémosla y luchemos por ella si alguien intenta arrebatárnosla. Igual que, a su manera, los británicos The Clash lucharon con su música contra el Thatcherismo.

¿Nos ponemos los auriculares?

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El anillo único y la bomba atómica

Tolkien no estaba de acuerdo con la interpretación de algunos de considerar el anillo único como una metáfora de la bomba atómica. Sin embargo, en el contexto de guerra fría, la comparación quizá fuera inevitable.

He revisitado la versión cinematográfica de Peter Jackson y, aunque quería dejarme mecer por la mera ficción, no he podido evitar que me asaltara mi propia interpretación del asunto.

Hoy en día, nueve son las potencias nucleares, igual que nueve fueron los anillos de poder entregados a los hombres y que los corrompieron hasta dar lugar a los nueve Nazgûl o espectros del anillo.

Rusia

Estados Unidos

China

Francia

Reino Unido

India

Israel

Pakistán

Corea del Norte

Todas estas naciones disponen de arsenal nuclear. Cada una de ellas, podríamos decirlo así, posee su propio anillo de poder.

Pero, igual que en la obra de Tolkien, las nueve naciones han caído en la terrible trampa del anillo único, el que los domina a todos.

Y no es otra que la trampa de la individualidad, del egoísmo, del nacionalismo excluyente, del miedo al otro y de la búsqueda de la supremacía.

Los países con arsenal nuclear viven a la contra, ejecutan una política de miedo de puertas adentro y amenaza de puertas afuera. Las bombas atómicas nos alejan irremediablemente de ese futuro de paz y unidad mundial al que muchos aspiramos.

El consenso y la unidad es la herramienta con la que, en El Señor de los Anillos, se planta cara al mal del anillo. La Última Alianza o la Comunidad del Anillo son, en la obra de Tolkien, las grandes empresas unificadoras que se enfrentan al poder oscuro.

En nuestro mundo real, contamos con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), creada precisamente para mantener la paz y solucionar grandes problemas globales desde el consenso entre naciones.

La ONU trabaja, entre otros muchos temas, por el desarme y por la defensa de los derechos humanos. Es algo muy inspirador y que nos puede hacer soñar con un futuro verdaderamente unificado de la Tierra, una unidad desde la que emprender el próximo paso de la humanidad en su camino hacia otros planetas y estrellas. Pero la ONU es débil, los países no siempre adoptan sus resoluciones e incluso hay naciones que tienen derecho de veto. Es decir, de evitar que una resolución de la ONU salga adelante, aniquilando unilateralmente cualquier consenso alcanzado por los demás. De los 193 estados miembros de la ONU, un privilegiado grupo de cinco tienen derecho de veto.

Rusia

Estados Unidos

China

Francia

Reino Unido

Sí, lo has leído bien. Los cinco países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas son, precisamente, las cinco mayores potencias nucleares, los cinco países con mayor arsenal nuclear.

¿Cómo te quedas?

Frente al poder de Sauron y de los Nazgûl, a los pueblos libres no nos queda otra alternativa que unirnos y luchar, por supuesto, desde una postura no bélica, para conseguir una verdadera unión por la paz. No creo que pueda construirse un marco de prosperidad global dictado por la voluntad de quienes se empeñan en atesorar un mayor poder de destrucción y de muerte. Tampoco creo que pueda construirse un marco próspero desde los vetos.

A la vez que seguimos quemando recursos en dividirnos, confrontarnos y matarnos, se nos reduce la capacidad de afrontar los grandes retos, de luchar contra los verdaderos enemigos: la pobreza, el hambre, la enfermedad o el cambio climático. Se nos reduce la capacidad de mirar hacia adelante y de plantear un futuro mejor.

Mi lucha no cuenta con arsenal nuclear, ni siquiera con armas de fuego ni armas blancas. Igual que la magia de los elfos, es más sutil. Lucho con algunos de mis libros (solo algunos, porque no todo es activismo y apuesto también por el mero entretenimiento) y con algunos artículos de este blog.

Lucho también con mi lista de correos, Holoceno 13000.

Holoceno 13000 habla principalmente de literatura, de lo que escribo, y de mi aproximación de lo que puede ser la humanidad en el año holoceno 13000 (o año 3000 de nuestra era).

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