Un ordenador para escritores

Aunque hace tiempo dediqué una entrada a hablar de las bondades de una máquina de escribir mecánica, es más que evidente que la escritura moderna requiere de un ordenador. Sin embargo, eso no significa que debamos disponer de un último modelo. Si solo nos vamos a dedicar a la escritura, el teclado y la pantalla resultan más importantes que el procesador o la RAM y un portátil antiguo puede ser perfecto para escribir. Tampoco hay que llegar al extremo de George RR Martin de utilizar una máquina basada en MS-DOS y el procesador Wordstar 4, aunque algunos coincidan con el autor de Juego de Tronos en que esos entornos tan antiguos favorecen la concentración. Casos singulares aparte, ¿qué importa de verdad en un ordenador para escribir? ¿se puede trabajar con un equipo antiguo? Mi experiencia me dice que hay tres puntos importantes: el ordenador como objeto físico (teclado, monitor y demás elementos tangibles), la potencia del hardware (memoria, procesador y otros componentes) y software instalado (sistema operativo y programas). Vamos por partes.

EL ORDENADOR DEL ESCRITOR COMO OBJETO FÍSICO

¿Qué necesitamos realmente de nuestro “ordenador para escribir”? Aunque parezca evidente, debe ser ante todo cómodo. La escritura es una actividad que puede requerir horas delante de un teclado y una pantalla. Por eso estos elementos son cruciales. Vamos con ellos.

  • Monitor: textura mate y relación de aspecto más cuadrada. Muchos portátiles montan pantallas brillo con efecto espejo que dificultan la escritura. Generan reflejos y no son apropiados para el trabajo que debe hacer nuestra vista. Una pantalla con acabado en brillo limita la libertad natural de un portátil porque obliga a encontrar una posición en la que no refleje luces; ventanas y lámparas acaban limitando los lugares donde colocarlo. Escribir en un espacio abierto como un porche o una terraza se vuelve casi imposible. En cuanto a la relación de aspecto, las pantallas muy panorámicas no son cómodas. Escribir implica apilar líneas de texto, unas debajo de otras, y para esto es preferible disponer de una buena dimensión vertical. Incluso, por qué no, cabe plantearse girar la pantalla en vertical (muchos monitores lo permiten).
  • Teclado: centrado y silencioso. Es preferible un portátil que no incluya teclado numérico.  Si lo hace, es muy probable que las teclas principales no se encuentren centradas, sino que se alineen ligeramente desplazadas a la izquierda con respecto a la pantalla. En un teclado independiente esto no es un problema porque podemos colocarlo como queramos, pero en un portátil teclado y pantalla forman un solo bloque y es importante que estén centrados entre sí. El tacto silencioso no es tanto una necesidad para el propio escritor, sino una característica muy conveniente si convivimos con más personas y, por ejemplo, aprovechamos cuando los demás están dormidos para escribir. Si tienes un bebé, diría que el teclado silencioso es obligado. Si utilizas un teclado externo, uno mecánico resultará más cómodo y de mejor calidad a la larga. Debe permitir regular el grado de inclinación. Es probable que te interese recuperar un antiguo teclado de los años noventa, esos que pesaban ellos solitos más que un portátil entero de hoy en día, pero sobre los que teclear era una auténtica delicia.
  • Impresora: láser. Si vamos a imprimir de una tacada nuestro borrador de doscientos folios de texto en blanco y negro y vamos a dejar luego olvidada la impresora durante meses, una láser dará mejor rendimiento que una impresora de tinta. Te olvidarás de los problemas de la tinta y sus inyectores, y el coste de impresión por página será menor. A no ser que vayas a darle otros usos a la impresora, o que necesites color porque además de texto incluyas ilustración, una láser será mejor opción.
  • Ratón. Sí, ratón. Incluso aunque un portátil no lo necesite porque tiene su cuadradito táctil o touchpad, es infinitamente más cómodo utilizar un ratón independiente.
  • ¿Portátil o sobremesa? Depende de tus costumbres. Si escribes siempre en el mismo lugar, en un rincón dedicado a ello de la casa, puedes optar por un ordenador de torre o de sobremesa. Por el contrario, si eres de los que se lleva la escritura a todas partes, necesitarás una mochila y un portátil.
  • Botón para producir café. Me temo que ningún modelo lo implementa, de momento, pero sería un gran avance.

LA POTENCIA MÍNIMA DE UN ORDENADOR PARA ESCRIBIR

Ya hemos hablado de cómo debe ser la carrocería de nuestro ordenador para escribir, pero, ¿qué motor necesitará?

Las aplicaciones gráficas, de simulación, animación 3D o los videojuegos de última generación (el “gaming”) suelen requerir una máquina con las últimas prestaciones. Sin embargo, la escritura no consume apenas recursos. Cualquier ordenador nuevo nos servirá, sea Mac o PC, y mi recomendación es no complicarse. Si vas a comprar un ordenador nuevo para escribir, fíjate en el punto anterior, que sea cómodo, porque a partir de 200 o 300 euros cualquiera servirá.

En realidad, es probable que ni siquiera necesites comprar un ordenador nuevo si tienes ya uno. Un portátil de más de diez años, un cacharro que probablemente sea menos potente que tu actual teléfono móvil, puede servir muy bien para este cometido. Los requisitos mínimos de hardware para convertir un antiguo PC en un ordenador dedicado a la escritura vendrán determinados por el sistema operativo que queramos utilizar. A día de hoy, mis recomendaciones son Windows 10 y Linux Mint. Para las versiones de 32 bits, sus requerimientos mínimos son tan modestos como estos:

  • Windows 10: 1 GB de RAM, procesador a 1 GHz y 16 GB de disco duro
  • Linux Mint: 512 MB de RAM, procesador de 700 MHz, 9 GB de disco duro

Podemos jugar a hacer un viaje al extremo y utilizar ordenadores más básicos aún, incluso reliquias del siglo pasado, para escribir. Y lo haríamos con éxito. Mi primera novela la escribí en un Pentium a 120 MHz con 16 MB de RAM y 1 GB de disco duro, un aparato de los años noventa que en su día era una máquina maravillosa, de las más potentes que podían encontrarse en las tiendas. Cargaba Word 6 como procesador de textos, con opciones más que suficientes para abordar cualquier proyecto literario. Pero este extremo nos obligaría a colocarnos en la marginalidad, a utilizar software descatalogado y sin soporte, y a renunciar del todo a conectar con Internet.  Windows 10 y Linux Mint son sistemas operativos modernos con actualizaciones y soporte activo, fiables, que cuentan con un sinfín de aplicaciones y programas actuales y que permitirán que naveguemos por Internet para realizar todo lo que necesitamos como escritores: acceso a KDP y otras webs de autoedición, creación y mantenimiento de un blog, conexión a redes sociales, navegación para el trabajo de documentación o cualquier otra cosa. En definitiva, Windows 10 y Linux Mint son opciones que permiten utilizar un ordenador muy modesto no solo para la pura redacción, sino para realizar todo el trabajo adicional que necesitamos como escritores.

SOFTWARE: MI VIAJE A LINUX MINT

Windows 10, y también sus versiones 7 y 8, son opciones perfectas pero, a mi modo de ver, tienen dos grandes desventajas con respecto a Linux Mint.

En primer lugar, Windows 10 está pensado para trabajar en ordenadores con pocos recursos, pero no tanto en ordenadores con pocos recursos y, además, antiguos. Es probable que una instalación de Windows 10 en un ordenador con más de 10 años arroje ciertos problemas con los controladores. Por citar un par que he sufrido de primera mano en un ordenador de 2007 que cumple por los pelos los requisitos mínimos: es capaz de instalar y correr Windows 10, pero a la hora de trabajar encontraba incompatibilidades insalvables con el controlador de red -no conseguía una conexión estable por WiFi- y con el controlador de mi vieja pero maravillosa impresora láser (ni Microsoft ni HP han desarrollado los drivers necesarios para que esta máquina funcione en Windows 10). En definitiva,  Microsoft no ha desarrollado drivers que garanticen compatibilidad de Windows 10 con hardware muy antiguo. Sin embargo, Linux Mint reconoce y pone en marcha de forma automática y sin ningún problema una infinidad de componentes antiguos. Mi viejo Toshiba se conecta a Internet vía WiFi a la primera con Linux Mint, y en cuanto le conecté mi impresora HP Laserjet 1010 del año catapún, el ordenador por sí solo la reconoció, se configuró en cuestión de segundos y ya la tuve lista para imprimir.

En segundo lugar, Windows 10 necesita licencia, y por su precio de mercado no merece la pena comprar una para usar en un ordenador antiguo. Otra cosa es si disponemos de una licencia gratuita de estudiante o a través de cualquier otra opción legal. Por su parte, Linux Mint es gratuito siempre.

Software para escribir

Word es, probablemente, el procesador de texto más extendido. Cuenta con infinidad de opciones y con él se puede abordar cualquier proyecto literario. Se integra a la perfección con el resto de programas maravillosos de la suite de Microsoft Office, como Excel (para los que utilicen hojas de cálculo para planificar u organizar información adicional) o Publisher. El formato de documentos docx nos garantiza que nuestros documentos puedan ser leídos y editados casi por cualquiera: colaboradores, editoriales, etc. En definitiva, Word es una estupenda opción. Sin embargo, tiene tres inconvenientes:

  • No es gratuito: necesitaremos una licencia para usarlo.
  • Es apropiado para Windows. Aunque hay opciones para Mac y también maneras de hacerlo funcionar en Linux, solo recomendaría su uso en Windows.
  • No es un software específico de creación literaria. Word es un procesador de textos generalista que, por defecto, viene configurado más para realizar informes profesionales o tareas de oficina que de creación literaria. Sin ir más lejos, para algo tan básico en literatura como escribir el símbolo de la raya de los diálogos necesitaremos toquetear algunas cosas de configuración.

Por eso hay que tener en cuenta algunas alternativas que, aunque no sean tan extendidas como Word, solucionan algunos de sus (pocos) inconvenientes. Quiero destacar Writer y Scrivener.

El procesador de textos Writer de la suite informática LibreOffice es gratuito y cuenta con versiones para Windows, Mac y Linux. Es muy potente, con una batería de opciones similar a la que ofrece Word. Aunque también es de carácter generalista y enfocado a oficina, encuentro que tiene una textura más adecuada para la literatura, pero esto es una apreciación subjetiva y que responde a mis gustos personales.

Scrivener es un software diseñado de manera expresa para la escritura de ficción. Es la opción preferida de muchos novelistas. Cuenta con versiones para Mac y Windows. Es de pago, pero su precio es tan bajo que realmente no supone una barrera. Para Linux, cuenta con una versión gratuita,  anterior a las más actuales, sin soporte y que requiere algún ajuste adicional si tu idioma de creación es distinto del inglés. No son pocos los escritores que comienzan con Word o Writer y, según van adquiriendo experiencia en el oficio, tienden a migrar a un sistema pensado y diseñado para escritores como Scrivener u otras opcione alternativas en las que uno puede bucear casi sin límite: Ulysses, yWriter, Manuskript y muchas otras, sin olvidar los procesadores minimalistas que, más que la gestión de todos los aspectos de una novela, buscan la máxima concentración, como Focus Writer o Darkroom.

Por lo general, ninguna de las posibles opciones de procesadores de textos requerirá una potencia especial en tu ordenador.

Otro software

Un navegador web con el nos sintamos confortables será esencial (Firefox, Chrome, etc), así como visores de PDF serán herramientas absolutamente necesarias.

Si, además, vamos a trabajar la parte gráfica (ilustraciones, portadas), la de edición y maquetación profesional o la de creación de otros contenidos como podcasts o booktrailers (audiovisual), entonces debemos estar atentos: quizá necesitemos un ordenador potente y más caro, y debamos empezarnos a preocupar por su RAM, su procesador y su precio. Pero esto ya cae fuera del ámbito de lo que pretende abordar este post, es otra historia que debe contarse en otra ocasión.

 

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