Fundación (trilogía)

Asimov-Fundacion

La trilogía original de la Fundación de Isaac Asimov me ha ocupado desde finales del 2017 hasta este mes de febrero de 2018 que la he terminado de leer. Fundación, Fundación e Impero y Segunda Fundación, tres novelas de la década de los 50. Son un clásico, pilares esenciales en la construcción del género de la ciencia ficción.

De pequeño leí un libro de Isaac Asimov. Era de divulgación científica, sobre agujeros negros. Y desde entonces no había tocado nada suyo. Por eso me ha sorprendido tanto leer a este autor en el género de ficción. ¡Para bien! Enfrentarse a una novela de mediados del siglo veinte así, de primeras, puede dar pereza. Pero esta ha soportado muy bien el paso del tiempo: me ha encantado.

Lo curioso es que no llegué a Asimov porque quisiera abordar a los clásicos de la ciencia ficción. No. Lo leí porque Amazon fue tan hábil de presentarme en la aplicación del Kindle una oferta muy buena que incluía los tres libros de la saga en formato digital. Además del buen precio, acertó justo en un momento en el que me encontraba receptivo a la ciencia ficción. Había terminado de leer no hacía mucho varios libros de Miguel Ángel Alonso Pulido, con naves espaciales y tramas planetarias. Una saga inconclusa a día de hoy, cuando escribo este post, pero que estoy seguro de que se cerrrá en algún momento de 2018. Mientras tanto, el algoritmo de Amazon me puso delante de las narices una joya del género, como diciéndome «no te bajes de la nave espacial, móntate en esta otra que te ofrezco». De este manera me introduje en la trilogía de la Fundación.

La obra de Asimov es genial. El concepto de psicohistoria en sí mismo ya vale un tesoro, y la evolución de la galaxia que plantea a lo largo de cientos de años supone algo fuera de lo común. Acostumbrados a historias que siguen los progresos de un personaje protagonista, el esquema aquí planteado es difícil de encajar en otros moldes. La mezcla de la trama a largo plazo con las historias de cada capítulo, que bien podrían ser pequeñas novelas, es de lo más original. Pero si algo quiero destacar es el conjunto de personajes inteligentes que despliega.

Me he preguntado muchas veces cómo conseguir un personaje inteligente. Creo que debería hacer un artículo sobre ello, mientras tanto pongo mis reflexiones en bruto sobre el tema a continuación.

1. Método directo: El método directo consiste en que un narrador suelte directamente «Paco era inteligente». La ventaja de la facilidad, la desventaja de que es información a secas, es contar y no mostrar, poco atractivo para un lector, más propio de un informe que de la literatura.

2. Método indirecto: Una alternativa más sofisticada es hacer que, en lugar del narrador, sea un personaje el que transmite esa información, así:

—Paco es inteligente —dijo Juan.

Esto es también sencillo, tiene un pelín más de encanto de cara al lector pero, en general, sigue siendo soso.

3. Mostrar la inteligencia: El siguiente nivel es mostrar al personaje realizando acciones que denoten inteligencia. Se le puede poner a jugar al ajedrez, delante de una pizarra llena de ecuaciones y cálculos, o recibiendo un premio por méritos intelectuales. Esto ya es apto para considerarse literatura, y continúa siendo sencillo a la hora de escribir.

4. Métodos sofisticados – diálogos: Si queremos un paso más, debemos adentrarnos ya en el terreno de lo difícil y hacer que nuestro personaje haga de forma directa cosas inteligentes. Ya no vale decir que juega al ajedrez, sino que debemos entrar en el detalle de la jugada maestra que ejecuta. Me gustan especialmente los diálogos audaces. Un personaje que da respuestas ingeniosas, además de demostrar que es inteligente, resulta muy divertido para el lector. Conseguir este tipo de diálogos no es sencillo, supone remangarse y dedicar tiempo a diseñarlos.

5. Métodos sofisticados – resolución de problemas por vía sorpresiva: Otra forma potente de mostrar la inteligencia de un personaje es que consiga soluciones brillantes a los problemas que se le plantean. Simplificando mucho, escribir una novela consiste en inventar una serie de obstáculos o dificultades que ir colocando delante del protagonista, uno tras otro. Si conseguimos que los resuelva de una forma exitosa y con una solución absolutamente lógica pero que el lector no se esperaba, habremos conseguido la mejor manera de inteligencia posible. Para esto, es necesario gestionar muy bien la información en la novela, la forma más sencilla de conseguirlo es que el protagonista tenga un mejor conocimiento del contexto del problema que el lector. Por ejemplo, si un mago se enfrenta a un dragón que es mucho más poderoso que él, pero consigue vencerlo utilizando un conjuro de conjuntivitis que resulta ser un punto débil de los dragones, es algo brillante. El lector así lo entenderá, siempre y cuando no sea algo que el propio lector no conociera antes porque nunca se le ha contado o, mejor aún, porque se le contó de pasada cientos de páginas atrás, no le prestó atención y en este momento su memoria hace «clak» y dice «¡claro, qué buena idea aplicar ese truco que ya ni recordaba!»

Tomé conciencia de la dificultad de crear personajes inteligentes leyendo la trilogía de Príncipe de nada y, con esta saga de Asimov, sigo aprendiendo sobre el asunto, refuerzo ideas y gano más herramientas que luego poder aplicar en mis escritos.

Seguramente los libros de Asimov contengan multitud de mensajes de interés. Aún hablando de un futuro lejano y abarcando una dimensión galáctica, me ha parecido que el contenido bien podría aplicarse a diferentes épocas pasadas de la Humanidad y concentrarse en nuestro planeta. Hay mucha sabiduría y reflexión sobre la sociedad, y estoy seguro de que un sociólogo o un historiador serán capaces de disfrutar los libros de Fundación de formas que a mí se me escapan. La tecnología cumple con una función esencial en la trama, pero no se profundiza en ella, ni es necesario que lo haga. Con ojos de hoy en día hay varios detalles tecnológicos que chirrían, por eso creo que es un gran acierto no abundar en ellos más que lo estrictamente necesario. Otro acierto, y con mucho mérito, ya que estoy seguro de que Asimov tenía capacidad y criterio para haberse aventurado más en ello, pero supo medir fuerzas y no desplegar aquí una artillería que hoy no haría más que enrarecer el libro.

Coincidió que, el mismo día que leí la última frase de la trilogía, descubrí la existencia de la canción Sagan de Nightwish, dedicada al gran astrónomo y divulgador Carl Sagan. Asimov y él tuvieron una relación de admiración mutua (y yo admiro a los dos). Incluyo a continuación el vídeo correspondiente en Youtube. Si la lectura de los libros de Fundación hubiera sido una sesión en el cine, esta canción para mí sería la música del final, esa que suena mientras desfilan los créditos y uno empieza a sacudirse las palomitas, devuelve el sonido al móvil y mira si el pasillo más accesible para salir está a la izquierda o a la derecha.

No sé cuándo caerá en mis manos otro libro de Asimov. De momento me he quedado satisfecho y no tengo prisa por seguir consumiendo letras de este autor. Mientras sigo esperando el libro que cierre la saga de La amenaza treyana de Miguel Ángel Alonso Pulido, Amazon ya ha sabido venderme otro: Ready Player One de Ernest Cline. Este lo descubrí en realidad escuchando uno de los podcasts de Los Verdhugos hace unos meses (¡uf!, qué digo meses, igual más de un año hace ya). No es una compra compulsiva, es otro acierto de Amazon de ofrecerme por menos de lo que vale un café una obra sobre la que ya había escuchado hablar y que me apetecía. No sé por dónde tiraré, tengo varios libros que quiero atacar. Sea como sea, prometo contar en la siguiente entrada dedicada a mis lecturas qué libro elegí y por qué.

¡Nos vemos dentro de un libro de nuevo en esta sección!

Leper Messiah

James Hetfield, un poco desenfocado por mi maestría con el móvil

No me esperaba que Metallica tocara su tema «Leper Messiah» en el directo del pasado 3 de febrero, aunque tengo que confesar que solo me fijo en la lista de canciones que una banda lleva en directo si voy a ir al concierto, y quizá sea una pieza habitual en su  repertorio. A mí me sorprendió porque no identificaba el «Leper Messiah» como uno de los más exitosos y, sin embargo, me trajo muy buenos recuerdos.

Por un momento, me vi de nuevo en mi habitación de adolescente, con el «Master of Puppets» puesto en el radiocasete e intercalando los deberes del instituto con la escritura de algún texto literario. Sí, entonces hacía todo esto con música. Podía pasarme la tarde entera, cuatro o cinco horas, estudiando o escribiendo con guitarras eléctricas de fondo. Leer no, para eso necesitaba silencio. Jugaba a desarmar y armar los bolígrafos con sus piezas de plástico y sus muelles para despejarme o, mejor, me asomaba a la habitación de al lado a enredar con mi hermano.

Un gustazo volver a ser adolescente con Metallica, y con mi hermano también al lado en el concierto.

Alcorque nº 1 (1995)

Revista Alcorque nº 1 (febrero 1995)

La primera vez que publiqué fue en 1995, en la revista Alcorque del aula de creación literaria de la Universidad Popular de Alcorcón. Cada uno de los compañeros de aquel curso de escritura contribuimos con un cuento. Guardo aún un ejemplar de esta revista. Hoy he querido sacarlo de la estantería para traerlo a este blog y recordar aquella primera aventura de publicación.

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