Telescopio James Webb

El pasado 25 de diciembre de 2021 despegó con éxito, desde la Guayana Francesa, el cohete Ariane 5 que ha llevado al espacio el telescopio James Webb.

El lanzamiento tuvo lugar a las 13:20 del día de Navidad. Aproximadamente media hora antes, encendí la televisión con la intención de ver el despegue. Esperaba un programa especial en la televisión pública, con periodistas y personas expertas en astronomía. Pero ni la 1 ni la 2 lo retransmitían. Tampoco lo retransmitieron el resto de canales generalistas: ni Antena 3, ni Cuatro, ni Tele Cinco ni La Sexta. Buceé entonces en las decenas de canales que tengo disponibles en la televisión. Pero ninguno de ellos lo emitía.

Me resigné a verlo en YouTube. Sin periodistas españoles que me lo retransmitieran y de paso me contaran cuál había sido la contribución española en este inmenso proyecto, sin científicos de aquí que explicaran los objetivos de la misión, los estudios que acometería el telescopio James Webb una vez desplegado, los avances en ingeniería que se han llevado a cabo para construir una máquina tan maravillosa. Nada. Tan solo la señal de la NASA en crudo, con una presentadora y entrevistas a los principales responsables del proyecto y del lanzamiento, pero en inglés sin doblar. Me desilusionó ver cómo se ninguneaba un acontecimiento tan crucial, cómo se relegaba un proyecto científico milmillonario ya no a la segunda línea de la información, sino al ostracismo total, cómo se le arrebataba a millones de españoles la oportunidad de fascinarse con el espacio. En mayo de este mismo año se anunció la próxima creación de una Agencia Espacial Española. ¡Qué buena ocasión para poner estos temas en el candelero! Y qué pena dejarla escapar sin más.

Pero lo que más me entristeció de todo estaba por venir.

El canal de YouTube en el que pude seguir el lanzamiento del telescopio James Webb fue el de RTVE. Sí, ya puestos en internet probablemente otras emisiones (como por ejemplo la original de la NASA) hubieran ofrecido algo más de sal y pimienta, o por lo menos lo ofrecería con menor retardo y sin el molesto desfase entre imagen y sonido que sufría la retransmisión. Pero quise quedarme en RTVE por leer los comentarios de los otros espectadores en el chat desplegado a la derecha de la imagen y, de esta manera, poder participar de la ilusión del momento con mis paisanos.

Y ocurrió entonces. Me encontré algunos mensajes entusiastas, sí. Pero me desanimaron los otros mensajes. Por un lado, los de completa ignorancia sobre la misión. Algunos creían que se traba de enviar algo a la Luna, muchos preguntaban desorientados sobre detalles de la misión. Era evidente la necesidad de periodismo, la falta de información en aquel directo. Y, lo peor de todo: aparecieron los trolls. Personas, o perfiles con personas anónimas detrás, invadiendo el chat con mensajes desoladores: algunos cuestionaban la conveniencia de emprender aquel proyecto con todo lo que estaba pasando en el mundo, otros aprovechaban la ocasión para lanzar sus teorías conspiracionistas o negacionistas en relación a la COVID-19, y otros expresaban abiertamente su deseo de que la misión fracasara, que ojalá explotara nada más despegar, decían.

Por mucho que uno haya aprendido a ignorar a los trolls, estos comentarios hacen daño. A mí me ensombrecieron la ilusión con la que quería haber vivido el momento. Me saltaron todas las alarmas. Es urgente incorporar a los canales generalistas la divulgación científica. Hoy en día hay más facilidad que nunca para estar informados y, sin embargo, parece que el acceso a conocer la ciencia se nos aleja. En mi interior, me revolví. Me sentí bien por contribuir, desde mi posición de humildad, a la fascinación por la ciencia y la tecnología, tanto en mi faceta de ingeniero como en la de escritor. Pero me duele ver de una forma tan clara que el daño está hecho y avanza, y me gustaría poder hacer algo más en favor de la ilusión. En muchos ámbitos la ciencia se opina, se retuerce para que responda a según qué intereses e incluso se niega. Esto es horroroso, nos puede llevar a la perdición como sociedad. Me quedé preocupado.

Arianespace’s Ariane 5 rocket with NASA’s James Webb Space Telescope onboard, is rolled out in the rain to the launch pad, Thursday, Dec. 23, 2021, at Europe’s Spaceport, the Guiana Space Center in Kourou, French Guiana. The James Webb Space Telescope (sometimes called JWST or Webb) is a large infrared telescope with a 21.3 foot (6.5 meter) primary mirror. The observatory will study every phase of cosmic history—from within our solar system to the most distant observable galaxies in the early universe. Photo Credit: (NASA/Bill Ingalls)

Mientras escribo estas líneas, el James Webb sigue aproximándose a su destino, ese segundo punto de Lagrange, donde se desplegará. Hasta dentro de unos meses no estará completamente operativo. Espero que todo salga bien. Quizá el día que el James Webb demuestre que sí hay vida en otros planetas los infamativos dediquen un minuto al asunto.

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