Moby Dick

Hoy os traigo mi lectura seleccionada del mes de abril de 2024.

Es un libro que tenía desde hace mucho tiempo en mi lista de pendientes y que, gracias al formato de audiolibro, por fin lo he leído.

Se trata del clásico de Herman Melville, Moby Dick. En la voz de Germán Gijón la experiencia es muy buena e inmersiva y dura un total de casi 23 horas. Os podéis imaginar con esto que me ha acompañado durante bastantes días en paseos, deporte y tareas del hogar.

La novela fue publicada originalmente en 1851. Hablamos de un texto con solera. Es apenas veinte años anterior a otro de los libros que leí recientemente: Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne. A pesar de que son prácticamente contemporáneos, la novela de Melville me evocó un mundo mucho más antiguo. Quizá porque Moby Dick mira a popa y el libro de Verne se proyecta a proa. A fin de cuentas, Veinte mil leguas de viaje submarino es novela científica y de anticipación.

En cualquier caso, ambas novelas creo que tienen mucho más en común que de diferente. No solo que son hijas del siglo XIX. Sobre todo, comparten la misma temática común del mar. Pequod y Nautilus mueven la trama a golpe de remos, velas o motor. Ambas obras despliegan grandes cantidades de párrafos documentales: esto es algo inconcebible en las novelas actuales, ¿detener la trama para describir o explicar en detalle las maravillas del mar o las características de los cetáceos? En eso se nota que son obras escritas por una generación de escritores muy anterior a la actual y, desde luego, para unos lectores muy diferentes. Ambos libros presentan sendos capitanes sombríos. Ahab en el Pequod de Moby Dick y Nemo en el Nautilus de Veinte mil leguas de viaje submarino. Quizá la evolución de ambos personajes es opuesta, pero desde luego que habitan en la oscuridad durante gran parte de sus relatos. Los dos libros destilan también una supremacía del ser humano sobre la naturaleza, responden a esa manera de pensar de que el hombre, con su habilidad, su conocimiento o su audacia, tiene derecho a disponer de todos los recursos naturales que sea capaz de dominar. Ambos libros se cuentan desde un narrador en primera persona que acaba siendo más testigo que verdadero actor de los sucesos: si en los primeros compases el lector los identifica como protagonistas, pronto esto cambia y la trama acaba sostenida por esos Ahab y Nemo, que son verdaderamente memorables.

Y hasta aquí las similitudes que quería apuntar. Me interesa, ahora, destacar algunas particularidades de Moby Dick y responder a la pregunta de si es una lectura apropiada para nuestros tiempos.

Moby Dick, a mi parecer, describe con más fuerza la vida en el mar. Utiliza más sentidos, más detalles y, también, un cierto orgullo que impregna todo de sentimiento. El mar que atraviesa el Pequod es áspero, exigente con el esfuerzo físico y atroz a la hora de dibujar el destino en el horizonte. Moby Dick, a mi parecer, es también más redondo. La gran pregunta, si Ahab dará caza o no al gran cachalote blanco Moby Dick, queda respondida al final del libro.

Con todo, se trata de una narración de sello antiguo, de dos siglos atrás. Me da vértigo, como escritor, pensar en el envejecer de las obras. Porque uno se hace a la idea de envejecer como persona, pero se aferra a esa idea de que las obras podrían ser más duraderos que uno mismo. Y, sin embargo, veo que Moby Dick pasa de moda. Por mucho que se mantenga a flote como clásico, no es pujante ni creo que atrape a nuevos lectores. Sí, siempre habrá quien llegue a sus páginas por una u otra razón, pero serán cada vez menos personas. Creo que este libro resuena en unos códigos que tienen cada vez menos que ver con los que configuran a los más jóvenes hoy en día. Resistirá como pieza de valor filológico, quizá dé algunos coletazos gracias a alguna adaptación cinematográfica, pero su relevancia se extinguirá. Y no deja de ser peculiar. La caza indiscriminada que se describe (y se reverencia) en la obra de Melville llevó casi a la extinción a las ballenas, pero finalmente creo que serán las ballenas las que sobrevivirán a Moby Dick.

Y es que, quizá, lo fascinante en Moby Dick es la carga cultural que las personas asignamos a la naturaleza, más que la naturaleza misma.

La lectura en audiolibro merece la pena. La locución transmite bien las tensiones y energías en conflicto, los caracteres fuertes de los personajes y el pulso que requiere la obra. Sí, la narración de Germán Gijón es muy buena. Creo, además, que a mí Moby Dick me ha cogido por los pelos y que no lo hubiera leído si la única opción disponible fuera la edición tradicional en papel. Aún así, lo recomiendo, sí, para cualquiera que esté dispuesto a enfrentar libros de dos siglos atrás y descubrir todas esas cosas buenas que ofrecen, aunque no respondan a los códigos de las novelas actuales. Porque leer algo de este estilo, que se sale totalmente de la fórmula del best seller actual, también tiene un punto de rebeldía muy agradable.

Recomendación 4: Storytel

Mi recomendación de abril de 2019 va para Storytel. Se trata de un servicio que ofrece audiolibros de muy alta calidad en modo de suscripción. Similar a Netflix o HBO, pero de audiolibros.

Desde que uso Storytel, leo más. En realidad, escucho más. Aprovecho para sumergirme en libros cuando me toca conducir, cuando hago deporte o cuando hago alguna tarea rutinaria de la casa, como meter y sacar platos del lavavajillas. Storytel, junto con los podcasts, es una auténtica maravilla para aprovechar el tiempo.

Es cierto que existen decenas de podcasts interesantes que llevarse a la oreja. Hace unos meses recomendé Átomos y bits, por ejemplo. Pero Storytel ofrece algo diferente: una lectura de un libro realizada por un locutor profesional de alta calidad. Antes de utilizarlo por primera vez tenía dudas: ¿lograré con el audio una inmersión similar a la de leer un libro? Me descargué la aplicación y accedí a los 14 días de prueba gratuita, una manera perfecta para evaluar el producto. Dicción impecable, expresiva pero sin exceso de teatralización, sin efectos de sonido -solo tú y el texto, como en un libro, pero hecho voz-. Tan inmersivo como la lectura tradicional, y en un formato muy apropiado para los que nos cuesta un mundo encontrar media hora de aislamiento para sumergirnos en un libro. Con Storytel, no es raro «leer» tres o cuatro libros al mes.

El catálogo es amplio, e incluye las principales novedades editoriales. Como escritor, me interesa especialmente la ficción, las novelas, pero también he podido acceder a algunos títulos de no ficción muy interesantes. La aplicación es sencilla de utilizar en un smartphone y cumple con su cometido a la perfección, aunque sería deseable que ampliara sus funciones, por ejemplo, para poder navegar el audiolibro por capítulos. Si buscas novelas que no sean novedad editorial, Storytel es, de momento, algo más limitado. Aunque su catálogo aumenta día tras día, el esfuerzo se enfoca más a ofrecer las principales novedades. Se puede decir que Storytel, hoy por hoy, es más librería que biblioteca.

Te propongo a visitar Storytel, explorar su catálogo, seleccionar dos o tres caprichos y darte de alta en los 14 días de prueba gratuita. Me pregunto si, como a mí, te enganchará.