Bibliotecas

¿Dónde puedo encontrar libros que me gusten? Esta pregunta me acompaña desde que era pequeño.
La biblioteca de mi colegio en Alcorcón abría, para el servicio de préstamos de libros, unos quince minutos después de que terminaran las clases de la tarde. Recuerdo hacer cola en la puerta, junto con otros seis o siete niñas y niños de otras clases, hasta que venía una persona a abrir la sala. La biblioteca del colegio Claudio Sánchez Albornoz de aquel entonces, o como yo la recuerdo, contaba con una única y gran librería que iba de lado a lado de la pared del fondo. El resto, mesas y sillas, puestos de lectura. Objetivamente era una biblioteca pequeña, pero a mí me parecía infinita. Estaba ordenada de una manera deliciosa, no recuerdo si por edades o por cursos de EGB, de manera que uno ubicaba rápidamente las lecturas que le correspondían, y por colecciones. Pero en realidad se podía acceder a todos los libros. Es probable que alguna vez tomara prestado uno clasificado para una edad mayor que la mía, y que lo hiciera de esa manera furtiva, como si la señora que gestionaba los préstamos me fuera a decir algo. Los préstamos duraban una semana pero se podía renovar. Recuerdo cuando renové por segunda vez «La historia interminable» de Michael Ende, del que decidí leer un capítulo por noche, y mis excusas de «es que es muy largo» para sobrellevar la sensación de estar acaparando ese libro más tiempo del debido, como si acaso hubiera una legión de niños esperando a que lo devolviera para poder leerlo. Es curioso pero fue aquí, en la biblioteca de mi colegio, donde desarrollé mi firma. Había que firmar en una ficha cada vez que uno sacaba un libro para llevarse a casa. Comencé sin saber qué hacer, escribí mi nombre y tracé un garabato, y así hasta que la maduré. Hoy firmo de esta manera porque un día necesité tener un trazo para sacar libros de la biblioteca. La verdad, no tengo la menor idea de cómo el resto de la gente desarrolla su firma, yo lo hice así.
Con once años fui al Centro Cívico de Alcorcón para hacerme el carné de la biblioteca municipal. Aquello era el paraíso comparado con la biblioteca del colegio: mucho más grande, los préstamos tenían dos semanas de duración y, por si fuera poco, ¡uno podía llevarse a casa hasta tres libros cada vez! Pero las normas de entonces decían que había que ser mayor de doce años para poder hacerse el carné de la biblioteca municipal. La persona detrás del mostrador me explicó que no podía ser y que tenía que esperar, que si por él fuera me haría el carné en ese mismo momento, pero eran las normas. Creo que aquel señor se quedó tan disgustado como yo, me dio la sensación de que no todos los días se asomaba un niño de quinto de EGB por allí soñando con llevarse tres libros a la vez para devorarlos en casa.
Cumplí doce años y volví al Centro Cívico. Aprendí pronto a desenvolverme allí, a buscar libros en los cajones de ficheros, que entonces no había ordenador. Era genial. Cogí libros de todo tipo, porque aquel lugar podía saciar la curiosidad de un niño al mismo nivel que hoy ofrece la Wikipedia o, incluso, el conjunto de Internet. Literatura infantil y juvenil, por supuesto, pero también libros sobre el fenómeno OVNI, sobre cómo interpretar los sueños o sobre el poder de la mente. Todos ellos me cansaron pronto y me pasé a la astronomía, la mitología o a los libros de ordenadores, sobre todo aquellos que incluían programas que podía luego teclear en mi Amstrad CPC 464, depurarlos, jugarlos y, después, modificarlos. Todo esto siempre acompañado de literatura, una constante en los libros que traía a casa. También cogí alguna vez cómics. Recuerdo muy buenos momentos con alguno de Tintín o Astérix, y también recuerdo coger prestados cómics en los que algún chaval usuario de la biblioteca se había dedicado a añadir dibujos a bolígrafo y escribir bocadillos con una historia alternativa soez, graciosa o semipornográfica, vandalismo de biblioteca que me produjo sentimientos encontrados: aquello no estaba bien pero, ¡vaya! había que reconocer que era ingenioso y divertido. Quizá por eso me atreví una vez a subrayar unas frases en un libro de la biblioteca que me parecieron especialmente brillantes, como para avisar a futuros lectores de que las saborearan especialmente, pero lo hice con timidez, a lápiz, y no pude evitar unos nervios absurdos cuando fui a devolverlo. ¿Y si el bibliotecario abría el libro y veía que lo que había hecho? Ahora en perspectiva, pienso que yo era el menos sospechoso de devolver algo en mal estado, a fin de cuentas era el niño que quiso entrar allí con tan solo once años.
En la biblioteca municipal del Centro Cívico de Alcorcón descubrí el estante de libros de literatura fantástica. Por alguna razón, estaban accesibles, al lado del puesto del bibliotecario, y podían cogerse directamente, sin el trámite de ir al fichero, rellenar la ficha de solicitud y entregarla. Y eso estaba genial porque uno podía explorar el dibujo de la portada o leer la sinopsis de la contraportada, en lugar de ir a ciegas sin más datos que la información mecanografiada de título, autor, editorial, año de edición (y no recuerdo si también indicaba número de páginas). La verdad es que agradecí mucho el modelo que llegaría unos años después de poder uno mismo deambular por las estanterías y coger los libros. Ya había leído a Tolkien y descubrí allí que existían muchos más libros «de esos». Leí varios de Reinos Olvidados y descubrí a Louise Cooper, pero no era sencillo ubicarse en aquel mundo de sagas y trilogías sin ninguna referencia de qué leer primero o qué leer después.
El Centro Cívico cerró, pero la ciudad estaba muy bien surtida de bibliotecas municipales. Una de ellas, en el centro cultural Buero Vallejo, muy cerca de mi casa. El modelo de poder caminar entre las estanterías me gustaba mucho más que el de restringirme al fichero, rellenar una solicitud y esperar a que el bibliotecario fuera a la estantería adecuada, en aquella zona prohibida y medio sagrada cerrada al acceso del público, y trajera tu libro. Ahora uno podía caminar por el corazón de la biblioteca. Lo que no me gustó, sin embargo, fue que tuve que hacerme un nuevo carné de biblioteca. No es que le hubiera cogido apego a la antigua cartulina azul, es que no me respetaron mi número de usuario. Yo tenía el carné de biblioteca número 10.289 de todo Alcorcón, y ahora pasaba a ser el número cincuenta mil y pico, un número nuevo que nunca llegué a memorizar y que, de alguna manera, me bajaba el estatus, me llevaba más adentro en el pelotón de lectores de biblioteca. ¡A mí, que había leído cientos de libros! Aprendí a usar el terminal de ordenador para buscar libros, pero casi siempre prefería recorrer los pasillos de estanterías, aunque tardara mucho más en encontrar lo que quería.
Vinieron otras bibliotecas después. La de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Carlos III en Leganés donde estudié: aunque la usaba para coger libros de ingeniería, tenía también su pequeña sección de literatura. La biblioteca de la Universidad de Reading en mi año erasmus en Reino Unido, con recursos de todo tipo, ordenadores cada dos por tres, colecciones de revistas, y con un régimen super estricto de devolución de libros con la amenaza de tener que pagar por retrasos o desperfectos. ¡Si vieran lo que les hacían a los cómics en Alcorcón! O la biblioteca de la residencia en la que me alojé, Child’s Hall, que era mucho más justita en libros pero muy agradable como sitio para estudiar. Aunque, si es por encanto, me gustó mucho más la que pude visitar en mi siguiente beca de estudios en el extranjero, en la École Normale Supérieure de Paris. Allí la biblioteca era tremenda y tenía de esas escaleras correderas que se deslizan de un lado a otro de la pared para permitir el acceso a los libros colocados más arriba, algo que me pareció maravilloso y romántico en un momento en el que ya Internet dominaba y estábamos a las puertas de la explosión del libro digital. Por aquel entonces, también, descubrí qué era eso de Bookcrossing.
Los nuevos conceptos de biblioteca, inmersa en el mundo digital, me vinieron de la mano de Luis González de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, cuando por trabajo tuve la suerte de coincidir en un proyecto con él y otros buenos colaboradores. Recuerdo la visita a la Casa del Lector que nos ofreció y sus explicaciones de lo que allí hacían, muchos pasos por delante en innovación de mi primera experiencia en la biblioteca del colegio Claudio Sánchez Albornoz.
Quizá por toda esta trayectoria me pareció a la vez tan natural y tan bonito en las vacaciones del verano pasado, en Noja, acercarme a la biblioteca cercana a la playa de Ris. No es raro que, en un conjunto de alrededor de diez días, salga uno lluvioso en esa zona de Cantabria. La excusa era poder tomar prestado algún libro infantil para mi hijo, pero lo cierto es que disfruté haciendo aquel carné de biblioteca y, simplemente, estando allí y observando los libros disponibles.
No os extrañe entonces si, cuando voy a casa de alguien, en lugar de apreciar las pulgadas del televisor, lo bonitas que son las cortinas o lo bien distribuida que están las habitaciones me pare a revisar los lomos verticales de los libros que haya colocados en estanterías o librerías. Tampoco puedo evitar fijarme en esta época de confinamiento y reuniones por videoconferencia desde la casa de cada uno, en que uno de los fondos de imagen preferidos por muchos son precisamente las estanterías de libros. Porque, quizá, a todos nos gusten las bibliotecas.

Llega «El mercader de Venus»

Esta semana ha salido publicada la antología de relatos de ciencia ficción El mercader de Venus. La coordinación de la obra corre a cargo de Francisco Tapia, amigo y editor de Con Pluma y Píxel.

Acabamos de estrenar el 2020, un año que inicia década, de esos que invitan a reflexionar sobre dónde nos encontraremos en un futuro, cómo habremos conseguido cambiar las cosas, para mejor si es posible. Siempre es buen momento para leer ciencia ficción, para pensarla, reflexionarla y escribirla. Para disfrutar desde las space opera y la ci-fi más blanda y aventurera hasta aquella que nos hace penetrar en los futuros posibles y las configuraciones sociales, tecnológicas, científicas o evolutivas que pueden esperarnos a la vuelta de la esquina del tiempo.

Por eso este libro, El mercader de Venus, llega en un momento de lo más adecuado.

A bordo de la nave, pilotada por Francisco Tapia, nos encontramos los compañeros de tripulación. ¡Buena compañía para este viaje interplanetario, sin duda! A continuación, os dejo la relación de historias y sus autores que encontraréis en este libro:

  • Instinto de supervivencia, por Jacobo Feijóo
  • El legado del hombre, por Fernando Lafuente
  • Camaleón, por Juan Pablo Fernández del Río
  • Lo que permanece, por Joseto Romero
  • El Gran Programador, por Daniel Vargas
  • Un futuro mejor, por José Luis Pastor

Puedes visitar la web de Con Pluma y Píxel para saber más o pinchar aquí para hacerte con un ejemplar.

La bruja Maruja cumple un año

El 26 de noviembre de 2018 lanzamos La bruja Maruja y su castillo, un cuento infantil ilustrado muy especial porque lo trabajamos familia y amigos. Fue una gozada crearlo con mi hijo cuando tenía 4 años, redactarlo y pulirlo con la ayuda de mi mujer y contar con el arte de mi amigo Alberto García Gómez para las ilustraciones y la maqueta.

Es también una alegría ver que ha cosechado un buen puñado de buenas críticas y que, tras un año en el mercado, sigue muy vigente, incluso con fuerzas renovadas de cara a estas Navidades. Las historias de los cuentos infantiles como este, en realidad, nunca pasan de moda.

Quisiera celebrar este cumpleaños agradeciendo a todos los que habéis recibido con cariño a La bruja Maruja y su castillo en vuestras casas, a los que lo habéis disfrutado contándoselo a vuestros hijos e incluso a toda la clase en esos días que los padres nos acercamos al cole a realizar una actividad. Y, sobre todo, a esos niños que, de una manera o de otra, me han hecho saber lo que han disfrutado y se han reído con esta historia.

¡Gracias!

El mago Abracadán y su chistera

Acabo de publicar, en colaboración con Alberto García Gómez, La chistera de Abracadán.

Vuelvo al género infantil, en el que me siento como en casa. Si La bruja Maruja y su castillo es un cuento ilustrado para peques de 3 a 6 años y ¡Supercoche! es una ficción interactiva para niños de 7 a 12, La chistera de Abracadán aborda otro género: es una obra de teatro.

Una obra de teatro para público infantil y, también, que puede ser representada por actores niños. La protagonizan el mago Abracadán y Medianoche, en los papeles más complejos y para los que recomiendo actores adultos o niños experimentados. En la obra intervienen cinco duendes de la magia que, estos sí, son aptos para cualquier niño. Además, la obra es flexible y permite adaptar el número de personajes, de duendes, al número de actores niños que participen en su interpretación, lo que facilita mucho el trabajo en grupos de teatro infantil de cualquier tamaño.

La chistera de Abracadán es una historia a la que tengo mucho cariño. Primero, por su origen. La que fuera mi profesora de creación durante años en la Universidad Popular de Alcorcón, Consuelo Cerejido, me la encargó. No como un ejercicio de clase o unas prácticas, sino como un favor para que la trabajara e interpretara su grupo de niños de la clase de animación a la lectura. Yo entonces tenía alrededor de veinte años, soñaba con ser escritor (esto sigo haciéndolo hoy en día, con cuarenta) y recibir un encargo literario fue estupendo. Aquel encargo, que en realidad era un favor entre amigos, me aportó toda la gratitud de Consuelo y una caja de bombones que saboreé encantado y compartí en casa con mi familia muy orgulloso. Entendí, también, que en realidad el mayor favor me lo había hecho Consuelo a mí, al regalarme una experiencia muy cercana a la escritura profesional.

Pero también tengo mucho cariño a La chistera de Abracadán por su crecimiento. El original que preparé alrededor del año dos mil funcionaba bien para una interpretación escolar, de apenas veinte minutos. El libro que sale ahora publicado contiene una versión bien pulida y abrillantada en sus detalles y que ha crecido hasta una obra de teatro de más entidad gracias al buen hacer de Alberto García Gómez. Dramaturgo y actor, autor de las obras Casting exprés y La visitante de Aguatierra, también ilustrador en La bruja Maruja y su castillo y, sobre todo, buen amigo.

Por todo esto, es para mí muy especial que esta historia con magia, duendes y los perseverantes Abracadán y Medianoche vea la luz y pueda estar a disposición de todo el mundo. Es, también, un homenaje que quiero hacer a la memoria de Consuelo Cerejido.

Lectúra creativa 2 con el lector José Jiménez Delgado

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En el programa número 2 del podcast Lectúra creativa del 19 de octubre de 2019 conversamos con el lector José Jiménez Delgado. El audio completo del programa se encuentra disponible en la plataforma Ivoox a través de este enlace.

Puedes seguir a José Jiménez en LinkedIn.

A continuación, puedes encontrar las referencias de los libros mencionados durante el programa, que incluyen enlaces de afiliados a través de los cuales podrás acceder a su compra online.

Al faro, Virginia Woolf – COMPRAR
¿Por qué manda occidente… por ahora?, Ian Morris – COMPRAR
Historia del tiempo: del big bang a los agujeros negros, Stephen Hawking – COMPRAR

Una de las recomendaciones más interesantes de este podcast es la colección de clásicos juveniles de Bruguera. Es probable que los originales puedan encontrarse en ferias y tiendas de segunda mano. Por otro lado, siempre se puede recurrir a ediciones modernas.

Corazón, Edmondo De Amicis – COMPRAR
Quo vadis? Henryk Sienkiewicz – COMPRAR
Alejandro Magno, Joseph Lacier

Lectúra creativa 1 con el lector Juan Miguel Lorite

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En el programa número 1 del podcast Lectúra creativa del 5 de octubre de 2019 conversamos con el lector Juan Miguel Lorite. El audio completo del programa se encuentra disponible en la plataforma Ivoox a través de este enlace.

Puedes seguir a Juan Miguel Lorite en diferentes redes sociales: Twitter, Instagram y LinkedIn.

A continuación, puedes encontrar las referencias de los libros mencionados durante el programa, que incluyen enlaces de afiliados a través de los cuales podrás acceder a su compra online.

Breves relatos aldumanos y tres cuentos fractales, Juan Miguel Lorite – COMPRAR
El idiota, Fiodor M. Dostoievski – COMPRAR
Moby Dick, Herman Melville – COMPRAR
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez – COMPRAR
Mil años de historia no lineal, Manuel de Landa – COMPRAR
Rizoma, Guilles Deleuze – COMPRAR
Hojas de hierba, Walt Whitman – COMPRAR
La vida plural de Fernando Pessoa, Ángel Crespo – COMPRAR
El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki – COMPRAR
El halcón maltés, Dashiell Hammett – COMPRAR
El ritmo perdido, Santiago Auserón – COMPRAR
Mies y la gata Niebla, Andrés Jaque – COMPRAR
Finnegans Wake, James Joyce – COMPRAR

Princesa de voz

El microrrelato Princesa de voz fue escrito en Chinchón (Madrid) el 28 de septiembre de 2019. Habíamos llegado esa misma mañana y, tras una buena comida y el descanso posterior, aprovechamos la tarde para visitar la Iglesia de Nuestra señora de la Asunción y pasar un rato admirando las vistas de la Plaza Mayor, del castillo y de todo el pueblo desde la Plaza del Galaz. Allí se ubica la famosa Torre del Reloj de Chinchón. Allí capturé una piedra y la convertí en ficción.

Princesa de voz

Había una torre sin iglesia que encerraba una princesa. La princesa era solo voz de campana. Atrapada, vino el trueno a rescatarla y juntos jugaron a ser otros.

Sí, habían sonado realmente las campanadas en la torre, y también el estruendo de un petardo que vino a coincidir con la última campanada. Aquellos eventos acústicos me llevaron a escribir este microrrelato. Hacía mucho tiempo que no creaba un nuevo texto sobre piedra y me sentí bien. Sobre los pliegues y las derivaciones de este microcuento quizá toque hablar en otra ocasión.

Si pasas por Chinchón, no puedes perderte la preciosa vista del pueblo que se tiene desde la plaza de la torre del reloj. Si, después de un rato maravillándote con ello, quieres buscar por el suelo o los alcorques, quizá suenen nuevas campanadas.

Recomendación 4: Storytel

Mi recomendación de abril de 2019 va para Storytel. Se trata de un servicio que ofrece audiolibros de muy alta calidad en modo de suscripción. Similar a Netflix o HBO, pero de audiolibros.

Desde que uso Storytel, leo más. En realidad, escucho más. Aprovecho para sumergirme en libros cuando me toca conducir, cuando hago deporte o cuando hago alguna tarea rutinaria de la casa, como meter y sacar platos del lavavajillas. Storytel, junto con los podcasts, es una auténtica maravilla para aprovechar el tiempo.

Es cierto que existen decenas de podcasts interesantes que llevarse a la oreja. Hace unos meses recomendé Átomos y bits, por ejemplo. Pero Storytel ofrece algo diferente: una lectura de un libro realizada por un locutor profesional de alta calidad. Antes de utilizarlo por primera vez tenía dudas: ¿lograré con el audio una inmersión similar a la de leer un libro? Me descargué la aplicación y accedí a los 14 días de prueba gratuita, una manera perfecta para evaluar el producto. Dicción impecable, expresiva pero sin exceso de teatralización, sin efectos de sonido -solo tú y el texto, como en un libro, pero hecho voz-. Tan inmersivo como la lectura tradicional, y en un formato muy apropiado para los que nos cuesta un mundo encontrar media hora de aislamiento para sumergirnos en un libro. Con Storytel, no es raro «leer» tres o cuatro libros al mes.

El catálogo es amplio, e incluye las principales novedades editoriales. Como escritor, me interesa especialmente la ficción, las novelas, pero también he podido acceder a algunos títulos de no ficción muy interesantes. La aplicación es sencilla de utilizar en un smartphone y cumple con su cometido a la perfección, aunque sería deseable que ampliara sus funciones, por ejemplo, para poder navegar el audiolibro por capítulos. Si buscas novelas que no sean novedad editorial, Storytel es, de momento, algo más limitado. Aunque su catálogo aumenta día tras día, el esfuerzo se enfoca más a ofrecer las principales novedades. Se puede decir que Storytel, hoy por hoy, es más librería que biblioteca.

Te propongo a visitar Storytel, explorar su catálogo, seleccionar dos o tres caprichos y darte de alta en los 14 días de prueba gratuita. Me pregunto si, como a mí, te enganchará.

Recomendación 3: caminar

La recomendación de este mes, marzo de 2019, es caminar. Hay muy buenas razones para hacerlo desde el punto de vista de la salud y el bienestar, y seguramente sea una recomendación que hayas escuchado en otras ocasiones. Yo, como es costumbre, quiero destacar, sin embargo, los beneficios que tiene para la ficción.

Caminar es una actividad que activa la imaginación. Esto lo afirmo porque a mí me pasa y he decidido a arriesgarme a extrapolar la frase para todas las personas. Yo lo suelo hacer solo, deprisa, por la noche, escuchando un podcast, en recorridos solitarios y por un tiempo aproximado de una hora. Me gusta tocar alguna planta que crezca al lado de mi recorrido, me gusta que haga fresco y que me de un escalofrío antes de entrar en calor, me gusta también recibir algún bofetón de viento. Todo esto me recuerda que estoy vivo, me saca de la burbuja de casa-coche-oficina que nos hemos construido y que a veces nos tiene tan enclaustrados que parece que vivimos la vida de otro en vez de ser nuestros protagonistas. He concebido un buen puñado de ideas que aplicar luego a mis textos de ficción mientras caminaba, lo que es muy bueno para un escritor. Además, de alguna manera caminar carga pilas y llena de buen humor; al llegar a casa, uno se siente con más ganas de ponerse manos al teclado.

Como lector, es también un ejercicio estupendo. En muchas ocasiones he llevado audiolibros o podcasts en los que se narran cuentos para mis caminatas. La inmersión que se consigue en la historia es estupenda, tan potente como la que puede lograrse leyendo un libro en un sillón, sintiendo el tacto de sus páginas, el leve olor a lignina del papel y rodeado de silencio. Además, implica un cambio de lo más interesante: leer o, mejor, consumir ficción en modo audio, ya no es una actividad sedentaria y que debe realizarse en exclusiva. Ahora podemos compatibilizar la lectura con el deporte o las caminatas, perderemos algún gramo de grasa, pero ninguno de inmersión en la ficción.

Aunque perece la recomendación perfecta, no quiero dejar de advertir que esta actividad puede ser adictiva. Menos mal que no parece tener efectos secundarios. Espero que estés yendo ya mismo a buscar tus zapatillas de leer.

¡Supercoche!

El pasado mes de febrero salió a la venta mi nuevo libro ¡Supercoche!

Es una ficción interactiva, al estilo de los míticos Elige tu propia aventura, editado en la que es sin duda la colección de referencia actual en español en este tipo de libros, Tú decides la aventura de la editorial Hidra.

Escribí ¡Supercoche! entre abril y octubre de 2018. La ideación fue anterior. Hace ya dos o tres años que vengo trabajando en las aventuras de un niño y un coche inteligente, en la relación entre ambos y en lo que puede ofrecer y dar de sí una historia de este tipo. Casi desde el principio, identifiqué el público infantil como el objetivo y el de librojuego -más bien, ficción interactiva explorativa- como el formato más adecuado. El abanico de opciones y posibles aventuras es muy amplio. ¿Qué cosas puede uno hacer con un supercoche? ¡Muchas, desde luego!

Enlacé varios días con buen ritmo de escritura en agosto, pero el mes de septiembre y la primera mitad de octubre fueron muy intensos en mi trabajo y tuve que aparcar temporalmente el supercoche. Aguardó en su garaje, reposó y maduró mientras yo tenía la cabeza y las energías puestas en la oficina. En cuanto pude volver a dedicar algunas horas de las noches y los fines de semana al ¡Supercoche!, pude concluir el manuscrito. Ayudó, desde luego, asistir al kick-off del NaNoWriMo en Madrid y contagiarme de las ganas de escribir del grupo de locos que quisimos juntarnos la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre para hablar de libros y escribir.

No es la primera vez que abordo un libro de estas características. En 1990, de niño, ya escribí una obra interactiva, lo cuento en detalle en este artículo. Ahora la publicación tiene más trascendencia: lo hago con una editorial potente, el libro se puede encontrar en grandes superficies y pequeñas librerías de toda España y se incluye en una colección exitosa. Pero la emoción de haber escrito un libro y sostenerlo en las manos es muy similar a la que sentí de niño 1990 con aquél libro tan sencillo, ejemplar único y artesano.

Mis ejemplares de cortesía de «¡Supercoche!» recién recibidos de la editorial

Volver a sentirse como un niño es genial. Y la lectura de uno de estos libros nos puede transportar a la infancia con más rapidez de la que creemos. Os dejo aquí la sinopsis:

¡EL COCHE MÁS AVANZADO DE LA HISTORIA! ¡Acabas de ganar un concurso! Y vas a ir a recoger tu premio (¿qué será?) a Neuroquantics, una empresa que tiene lo último en tecnología. Allí descubrirás desde una increíblemente avanzada realidad virtual hasta un modelo de coche futurista que va más allá de lo que alcanza la imaginación. ¡Pero al llegar, descubres que Neuroquantics está bajo ataque! Tu habilidad para conducir podría salvar no solo la empresa, sino a todos los que trabajan allí… DE TUS DECISIONES DEPENDE TU DESTINO. EN EL CAMINO QUE ESCOJAS ESTARÁ LA CLAVE PARA SALVAR NEUROQUANTICS O PERMITIR QUE EL ATAQUE LA DESTRUYA.

Recomendación 2: átomos y bits

Mi recomendación del mes de febrero de 2019 va para el programa podcast átomos y bits de EFE Radio y que se publica semanalmente en la plataforma iVoox.

Además de un estupendo programa de divulgación científica, es toda una fuente de ideas y estímulos para escritores. Sobre todo del género de la ciencia ficción.

Son programas de media hora que, salvo excepciones cuentan con dos bloques. El primero, dedicado a noticias científicas en el que se tratan todo tipo de temas pero donde destaca la astronomía. Más de la mitad de los programas abordan algún aspecto de los planetas, las galaxias, la exploración espacial, etcétera. La segunda parte de cada programa suele estar dirigida a presentar o analizar alguna novedad en los aparatos tecnológicos de consumo. Suelen ser, en su mayoría, descripciones de las capacidades de los últimos teléfonos móviles aparecidos en el mercado. El programa se cuenta a dos voces de periodistas, con Pedro Pablo May como presentador y José Manuel Nieves como experto en noticias científicas y tecnológicas.

Galaxia espiral vista por el Hubble. Tomada del banco de imágenes de la NASA

¿Por qué es tan recomendable este podcast? Son varios los motivos:

Primero, el propio formato podcast, que lo convierte en un contenido que puede consumirse en el coche, mientras se hace deporte o como acompañamiento a paseos o tareas del hogar.

Segundo, su duración es muy cómoda, media hora por programa, es muy radiofónico y la conversación a dos voces lo hacen muy natural para la escucha, lo que convierte cada episodio en una pieza de consumo agradable.

Tercero, que se sitúa en un nivel muy interesante de divulgación. Es entendible para cualquiera que sienta curiosidad por la astronomía y otras ramas de la ciencia y conozca unos mínimos conceptos básicos, pero también abre puertas y se asoma a cierto nivel de detalle para el que quiera un punto más de profundidad. No llega a entrar en niveles muy técnicos, pero sí se detalla lo suficiente como para entrar de lleno en la fase de fascinación, de poder pensar en las implicaciones del descubrimiento o la noticia. Este es el punto más conveniente, a mi parecer, para motivar ciencia ficción. La base científica está ahí y es cierta, pero la verdadera potencia de las noticias divulgadas se encuentran en la capacidad de hacer pensar, de hacerse preguntas y procurar responderlas desde el punto de vista de la ficción, imaginando posibilidades. Esto es oro puro para un escritor de ciencia ficción, un ejercicio divertido y que, además, entrega decenas de elementos con los que poder construir textos.

Cuarto, que su temática científica no pasa de moda. Quizá las novedades en teléfonos inteligentes de un programa de tres o cuatro años atrás pierdan interés y vigencia, pero las noticias de astronomía suelen tener un ciclo de vida mucho más largo. Por ejemplo, oír hablar sobre la hipótesis de que existan planetas totalmente oceánicos, cubiertos por agua y sin continentes, y que se cree que la Tierra fue un planeta así en sus primeras etapas de formación, es una información sobre la que pueden producirse nuevos descubrimientos, pero la idea en sí es ya permanente, una pieza útil para fascinarnos pensando en ella o para incluirla en nuestros cuentos y novelas.

Estoy manejando algunos conceptos que he descubierto gracias a átomos y bits, ya sea directamente o gracias a un poquito de eleboración ficticia a partir de las noticias divulgadas. Por ejemplo, es muy posible que mi próxima nave espacial en relato o novela no sea una estructura de hierro, similar a las de Star Trek o Star Wars, sino que se trate de un asteroide natural tipo Oumuamua en cuyo interior se ha construido un hábitat humano y al que se le ha colocado un motor espacial. ¿Para qué gastar cantidades ingentes de energía y material poniendo en órbita desde la Tierra toneladas y toneladas de metal para el fuselaje de una nave, cuando ya tenemos miles de estructuras flotando no tan lejos de nosotros? Y así, otras muchas ideas basadas en conceptos interesantísimos como la panspermia, el noveno planeta del Sistema Solar, exoplanetas, otras dimensiones, energía oscura…

¿Qué estás haciendo que no has ido ya a iVoox?

Buscadores de Semillas

Llueve y ha bajado la temperatura, pero no dejo que me atrape la pereza y salgo. Poco después, estoy acompañado de Juan Miguel Lorite, de Julián Berlanaz y de unos cafés. No unos cafés cualesquiera, por cierto. El frío queda al otro lado de las ventanas y paredes. Hablamos, como hemos hecho tantas otras veces, sobre literatura experimental. Pero con dos diferencias fundamentales.

La primera, que la conversación no solo explora, sino que navega hacia un objetivo: enrolar al escritor Julián Berlanaz para que nos preste la obra en la que está comenzando a trabajar, Buscadores de Semillas, como conejillo de indias sobre la que experimentar.

La segunda, que en algún momento pulsamos el círculo rojo del botón de grabar.

Así creamos la primera entrega del podcast de Buscadores de Semillas. Está subido en iVoox para que lo pueda escuchar cualquiera. Tranquilo, de momento es inofensivo.

De momento.

Pulsa en el dibujo para buscar semillas

 

 

Cómo hacer un cuento de brujas para niños

Me gustan los making of de películas y series, esos pequeños documentales que cuentan cómo se hizo. Por eso, como escritor, me gusta incluir una sección de cómo se hizo en mis libros. Naksatra, el recopilatorio de cuentos que publiqué en 2017, incluye uno muy detallado en el que explico el proceso creativo de cada uno de los textos y, también, del libro en su conjunto. Escrito en piedra: Nigredo también incorpora un apéndice, esta vez muy breve, que narra el proceso de creación de los microcuentos, aunque se centra en la parte material y plástica, de cómo caligrafiar un microcuento sobre piedras recogidas en distintos momentos y lugares de España con este propósito.

Cuando publiqué La bruja Maruja y su castillo, no incluí un making of. A diferencia de los anteriores, que son para adultos, La bruja Maruja y su castillo es un cuento infantil ilustrado y no consideré apropiado añadir nada más. Sin embargo, su proceso creativo ha sido genial y merecedor de un cómo se hizo: lo creé a medias con mi hijo Iván cuando él tenía 4 años, y eso lo hace muy especial. Además, las ilustraciones y la maqueta corrieron a cargo de Alberto, uno de mis mejores amigos. Así que allá voy, el merecido making of de La bruja Maruja y su castillo tendrá cabida, finalmente, en este blog.

Todo empezó el 30 de marzo de 2018. Agarré un cuaderno, un bolígrafo y le propuse a Iván escribir un cuento. Así, sin más. Los cuentos forman parte de nuestro mundo desde que mi hijo nació. Le he leído muchos pero, también, los he inventado para él. Estos cuentos inventados muchas veces no pasan de su versión oral. Iván, como cualquier niño, pide repetir los cuentos que le han gustado. Así, algunos de los que hemos inventado han ido evolucionando y puliéndose hasta funcionar realmente bien. La bruja Maruja y su castillo tuvo una primera versión del tirón, calculo que en cosa de menos de media hora. Quise hacerlo con dibujos y escribiendo letras, no solo como ejercicio oral, y también impliqué a Iván desde el primer momento en su creación. Mi hijo no sería un receptor pasivo, sino que construiríamos juntos la historia. Y funcionó. Suyos fueron los elementos principales: una bruja como protagonista, un castillo como lugar o escenario, y tirarse pedos como acción. Teníamos quién, dónde y qué, suficiente para empezar, y nos pusimos a ello. Así, libreta y boli en mano, creamos la primera versión. He escaneado sus 8 páginas originales para que podáis ver dos cosas. La primera, que el proceso creativo es muy divertido. La segunda, que soy tremendamente torpe dibujando pero sí, los dibujos son míos aunque parezcan de un niño.

Página 1: Los elementos iniciales los plantea mi hijo. Hay una bruja, aún sin nombre, que quiere tener su propio castillo. Es una bruja mala. Se dedica a hacer pócimas para reunir el dinero necesario para comprarse el castillo. Vamos creando el cuento juntos. Dibujo, escribo y se lo narro a mi hijo según evoluciona. Él permanece muy atento observando el proceso y participando en él.

 

Página 2: «Si alguien entra en mi castillo, lo tiro al pozo y me lo como». El mensaje del cartel es tal cual lo dijo Iván, copiado al pie de la letra. Yo hubiera optado por algo menos agresivo, pero preferí respetar la propuesta del niño.

 

Página 3: llega el momento de ponerle nombre a la bruja. De sus atributos, «mala» y «bruja», tomamos «Ma-» de mala y «-ruja» de bruja para montar «Maruja». Y para reflejar esto, ¿qué mejor que hacerla reír desde lo alto de una torre?

 

Página 4: ponemos a nuestra bruja Maruja a volar en una escoba. Después, le entró hambre. Creo recordar que Iván propuso que comiera una sopa, y yo aporté el polvo de escamas de dragón.

 

Página 5: la bruja Maruja se dispone a comer la sopa que ha preparado, sin saber que en lugar de sal ha echado nada menos que escamas de dragón. ¡Qué peligro!

 

Página 6: genial aportación de Iván. Las escamas de dragón provocan muchos pedos. Y no unos pedos cualesquiera, ¡nada menos que pedos mágicos!

 

Página 7: el verdadero problema de la trama de este cuento no era que la bruja necesitaba conseguir dinero para comprar el castillo. Eso lo resolvió fácilmente vendiendo pócimas. Sin embargo, ahora Maruja se enfrenta a algo más grave que no puede resolver sola. Los pedos que le ha provocado la sopa mágica han destrozado su querido castillo y necesita ayuda de los demás. La bruja Maruja debe hacer algo que nunca haría, que es pedir ayuda a los demás. Y para conseguir su ayuda, debe transformarse en una bruja buena. Este es el verdadero núcleo del cuento. Encaja a la perfección con la lógica de los cuentos que entiende Iván.

 

Página 8: final feliz, la bruja se hace buena, recibe ayuda y todo queda solucionado. Por supuesto, termina con la fórmula «Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado». Iván no se ha despegado de mi lado y lo ha pasado en grande viendo cómo se crea el cuento, con texto y dibujos, y participando de forma activa en su elaboración.

Lo siguiente fue mostrar orgullosos nuestra creación. Aquello era un cuento completo, con su trama y su desarrollo. Había detalles que ir puliendo, desde luego, pero ya tenía un material perfecto para contar a Iván una y otra vez.

La bruja Maruja y su castillo tenía potencial. Me gustaba y, mejor aún, le gustaba a un niño de 4 años. Decidí evolucionarlo a un cuento «de verdad», a una edición de libro infantil ilustrado como los que se apilan en la balda más baja de nuestra librería del salón, la pequeña biblioteca de Iván.

Tocaba pasar el cuento a ordenador, redondear algunos detalles, pulir y corregir el texto. También, pensar en el formato. Sería un cuento ilustrado a todo color y a página completa, con formato cuadrado. El texto llevaría una letra grande y de tipo ligada, esa que utilizan en los colegios para enseñar a leer a los niños. Todo esto no vino de un análisis concienzudo ni tampoco del azar. Los criterios para el formato respondían, ni más ni menos, a lo que yo mismo como padre buscaba en un cuento cuando tenía que elegir uno para mi hijo de, entonces, 4 años.

En este tipo de libros, el trabajo de ilustración es enorme. Mi amigo Alberto aceptó el reto de ilustrarlo y maquetarlo. Le pasé el texto y, a partir de ahí, fuimos dando los pasos necesarios. En esta fase el trabajo estaba en su tejado.  Hablábamos cada pocos días, casi más por mail que de viva voz, y utilizamos Google Drive para compartir los archivos. Recuerdo que era siempre una alegría recibir una actualización y hacer comentarios sobre los bocetos o dibujos originales. No podía resistir la tentación de enseñarle a Iván los progresos y preguntarle qué opinaba de los dibujos.

Ejemplo de doble página, tal y como lo vería el lector cuando abriera el libro por la mitad. La página de la izquierda está completa, la de la derecha abocetada. El trabajo de Alberto fue excelente. El texto se incluye ya con la letra ligada. Este punto intermedio es del mes de agosto de 2018.

El cómo se hizo podría tener todo un capítulo aparte en cuanto a diseño, ilustración y maquetación. Algunas de las cosas con las que tuvo que lidiar Alberto, además de concebir en imágenes una historia que era solo texto, fue con los dibujos originales en tamaño A3 y su posterior escaneo y ajuste para trabajar en digital, las pruebas de color con los distintos estándares, como CYMK, y las diferencias entre lo que uno ve en una pantalla de ordenador retroiluminada y lo que luego queda impreso en papel, el ajuste del grosor de la tipografía para que el ligado de las letras fuera continuo… y lidiar conmigo, el autor pesado, que en dos o tres ocasiones le pedí cambiar algún pequeño detalle del texto. Alberto aportó muchísimo a la historia, no solo las ilustraciones.

En paralelo, redactamos todas esas cosas adicionales al cuento como tal que debe llevar un libro: portada y contraportada, dedicatoria, sinopsis y un parrafito sobre los autores. Con todo el trabajo realizado y la maqueta en el formato exacto que elegimos de entre las opciones de Amazon, subimos el libro a la plataforma. El proceso requirió algunos ajustes adicionales y esperamos a recibir la copia física de prueba antes de publicar el cuento y que estuviera disponible para todo el mundo.

Y, por fin, el 28 de noviembre de 2018, ocho meses después de que lo cibiera con Iván, La bruja Maruja y su castillo era ya un cuento de verdad que cualquiera podía comprar. Inundamos nuestros Whatsapps con la noticia y por fin disfrutamos del resultado, del tacto de las hojas, de las ilustraciones o de regalarlo a los familiares más cercanos. Pero, sobre todo, era un gustazo volverlo a leer con Iván, que ya contaba con cinco años, y que seguía disfrutando con La bruja Maruja y su castillo.

La acogida es, y sigue siendo, estupenda. ¡Gracias por todos vuestros  cariñosos comentarios! Os animo a crear vuestras propias historias junto con los peques, es toda una aventura.

 

Recomendación 1: librojuegos.org

Hoy comienzo una nueva sección sobre recomendaciones en esta web. Una de mis conclusiones del cambio de año fue que, en esto de escribir, hay muchas personas con las que colaboro, que me ayudan o contribuyen de alguna manera a que mi carrera de escritor siga avanzando. Pero, para ser justos, hay algo más que personas. En mi día a día utilizo herramientas, consulto páginas webs y todo tipo de contenido digital o me relaciono con editoriales, librerías y otras piezas del puzle del mundo del libro. Sí, detrás de cada uno de estas cosas siempre hay una o más personas, pero son esos servicios, productos o contenidos los que quiero resaltar, mes a mes, con estas recomendaciones.

Esta primera recomendación, de enero de 2019, quiero dedicarla a la comunidad de librojuegos.org. Su cuartel general es, por supuesto, su sitio web, liderado por los expertos en ficción interactiva, diseñadores y escritores de librojuegos Fernando Lafuente, Jacobo Feijóo y Juan Pablo Fernández. La comunidad la conforman ellos y otros expertos, escritores, fans y editores que son el verdadero alma del grupo.

librojuegos.org está activa desde 2013 y me enrolé en ella en 2015. Gracias a esta comunidad, he recuperado la afición que tenía de niño por el género de la ficción interactiva y mucho más que eso: he reincorporado los librojuegos a mi escritura después de muchos años y he conocido a un grupo de personas geniales.

El sitio web de librojuegos.org está plagado de posts interesantes. Reseñas, noticias y todo tipo de artículos. Incluye un buen número de entrevistas, uno de los formatos que más disfruto como lector de blogs, y a la que pude contribuir en su día con una entrevista a Chris Klimas, creador de Twine, que realicé para un proyecto europeo sobre «smart publishing» o edición inteligente y que los compañeros de librojuegos.org tradujeron y reprodujeron en la web. Dejo el enlace a la entrevista aquí.

Destaca, como en todas las comunidades con vida, el foro, donde se plantean debates sobre ficción interactiva de calidad. Algunos de los mayores expertos en librojuegos de España son miembros muy activos en estos foros, y es una gozada poder tratar con ellos.

Tanto si te apetece retomar el género de la ficción interactiva, como me pasó a mí, como si es la primera vez que te sumerges en los librojuegos, esta comunidad es para ti. Referencia en español, de lo poquito que hay de relevancia en nuestro idioma si comparamos con todo lo que la ficción interactiva moviliza en el mundo anglosajón, y un alma real alimentada por un sensacional grupo de personas. Nos vemos por allí, si pinchas en la imagen de abajo para recoger el guante de esta recomendación.

 

Cerrando el capítulo 2018

Un blog merece la pena aunque solo sea por tener un lugar donde hacer balance de cada año y planificar el siguiente, un ejercicio estupendo para los ratos libres que nos ofrece la Navidad.

Mi balance literario de 2018 es bueno y mi gran conclusión es que la escritura no es un oficio tan solitario. Echando la vista atrás, creo que todas las empresas literarias que he acometido este año que termina han contado con el apoyo de otras personas. Por eso, más que lista de logros, me gustaría presentar los siguientes puntos como lista de agradecimientos a las personas que han compartido letras conmigo.

  • Si en 2017 rompí el cascarón con la publicación de dos libros, Naksatra y Escrito en piedra: Nigredo, en 2018 he sacado a la luz La bruja Maruja y su castillo. He ampliado mi catálogo y, además, lo he hecho con un cuento infantil con el que he disfrutado mucho. El proceso de elaboración ha sido muy especial: lo he creado con mi hijo, lo ha ilustrado y maquetado mi gran amigo Alberto García y todo el proceso lo ha supervisado mi mujer.
  • He continuado al lado de mis compañeros de Verbo Azul, mi grupo de escritores de referencia al que voy a enchufarme cuando tengo la batería literaria baja y que siempre me entrega energía y ganas de seguir.
  • He redactado algunos relatos breves y cuentos infantiles.
  • He visto cómo Ideas para Lucía y Linda Pituitaria, dos de mis cuentos más queridos de Naksatra, han tomado forma de audio gracias al podcast A voz en cuento, creado por José Jesús García Rueda, y han cosechado miles de escuchas.
  • He publicado una nueva edición de Escrito en Piedra: Nigredo en Amazon, gracias al buen hacer de Juan Miguel Lorite en el trabajo de diseño.
  • He disfrutado de presentaciones y actividades literarias como el NaNoWriMo en Libros de Arena, librería vocacional regentada con un cuidado y cariño enormes hacia los libros por José Ángel Fornás.
  • He contado con la complicidad y el apoyo de la comunidad de Librojuegos.org, unida por un grupo de Whatsapp que ha sabido llenar los enormes espacios de tiempo entre los esporádicos cafés que he podido compartir con alguno de ellos en persona, y que han ayudado a mantener vivo mi interés por la ficción interactiva.
  • He completado un manuscrito que, si todo va bien, será mi próxima obra publicada, y para cuya redacción han sido muy valiosas las aportaciones de mi sobrino y de mi mujer, incansable lectora cero y correctora.

Tengo mucho que agradecer a muchas personas, tanto en la creación como en el apoyo a los resultados de mi trabajo en escritura: compañeros de trabajo, amigos del barrio, de la Universidad,  y tantos otros. Por eso, en mis planes para 2019 no me ha extrañado nada ver que, muchos de ellos, cuentan ya de inicio con la colaboración de otras personas.  Aquí van algunos :

  • Publicar ediciones en francés y en inglés de La bruja Maruja y su castillo.
  • Crear dos nuevos cuentos infantiles.
  • Completar la edición de La chistera de Abracadán, obra de teatro infantil.

Y continuar con algunos proyectos interesantes que tengo entre manos pero que aún necesitan definirse un poco más antes de hablar de ellos en este blog.

Gracias a todos los que estáis ahí y me habéis ayudado de alguna manera.

 

 

 

Un ordenador para escritores

Aunque hace tiempo dediqué una entrada a hablar de las bondades de una máquina de escribir mecánica, es más que evidente que la escritura moderna requiere de un ordenador. Sin embargo, eso no significa que debamos disponer de un último modelo. Si solo nos vamos a dedicar a la escritura, el teclado y la pantalla resultan más importantes que el procesador o la RAM y un portátil antiguo puede ser perfecto para escribir. Tampoco hay que llegar al extremo de George RR Martin de utilizar una máquina basada en MS-DOS y el procesador Wordstar 4, aunque algunos coincidan con el autor de Juego de Tronos en que esos entornos tan antiguos favorecen la concentración. Casos singulares aparte, ¿qué importa de verdad en un ordenador para escribir? ¿se puede trabajar con un equipo antiguo? Mi experiencia me dice que hay tres puntos importantes: el ordenador como objeto físico (teclado, monitor y demás elementos tangibles), la potencia del hardware (memoria, procesador y otros componentes) y software instalado (sistema operativo y programas). Vamos por partes.

EL ORDENADOR DEL ESCRITOR COMO OBJETO FÍSICO

¿Qué necesitamos realmente de nuestro «ordenador para escribir»? Aunque parezca evidente, debe ser ante todo cómodo. La escritura es una actividad que puede requerir horas delante de un teclado y una pantalla. Por eso estos elementos son cruciales. Vamos con ellos.

  • Monitor: textura mate y relación de aspecto más cuadrada. Muchos portátiles montan pantallas brillo con efecto espejo que dificultan la escritura. Generan reflejos y no son apropiados para el trabajo que debe hacer nuestra vista. Una pantalla con acabado en brillo limita la libertad natural de un portátil porque obliga a encontrar una posición en la que no refleje luces; ventanas y lámparas acaban limitando los lugares donde colocarlo. Escribir en un espacio abierto como un porche o una terraza se vuelve casi imposible. En cuanto a la relación de aspecto, las pantallas muy panorámicas no son cómodas. Escribir implica apilar líneas de texto, unas debajo de otras, y para esto es preferible disponer de una buena dimensión vertical. Incluso, por qué no, cabe plantearse girar la pantalla en vertical (muchos monitores lo permiten).
  • Teclado: centrado y silencioso. Es preferible un portátil que no incluya teclado numérico.  Si lo hace, es muy probable que las teclas principales no se encuentren centradas, sino que se alineen ligeramente desplazadas a la izquierda con respecto a la pantalla. En un teclado independiente esto no es un problema porque podemos colocarlo como queramos, pero en un portátil teclado y pantalla forman un solo bloque y es importante que estén centrados entre sí. El tacto silencioso no es tanto una necesidad para el propio escritor, sino una característica muy conveniente si convivimos con más personas y, por ejemplo, aprovechamos cuando los demás están dormidos para escribir. Si tienes un bebé, diría que el teclado silencioso es obligado. Si utilizas un teclado externo, uno mecánico resultará más cómodo y de mejor calidad a la larga. Debe permitir regular el grado de inclinación. Es probable que te interese recuperar un antiguo teclado de los años noventa, esos que pesaban ellos solitos más que un portátil entero de hoy en día, pero sobre los que teclear era una auténtica delicia.
  • Impresora: láser. Si vamos a imprimir de una tacada nuestro borrador de doscientos folios de texto en blanco y negro y vamos a dejar luego olvidada la impresora durante meses, una láser dará mejor rendimiento que una impresora de tinta. Te olvidarás de los problemas de la tinta y sus inyectores, y el coste de impresión por página será menor. A no ser que vayas a darle otros usos a la impresora, o que necesites color porque además de texto incluyas ilustración, una láser será mejor opción.
  • Ratón. Sí, ratón. Incluso aunque un portátil no lo necesite porque tiene su cuadradito táctil o touchpad, es infinitamente más cómodo utilizar un ratón independiente.
  • ¿Portátil o sobremesa? Depende de tus costumbres. Si escribes siempre en el mismo lugar, en un rincón dedicado a ello de la casa, puedes optar por un ordenador de torre o de sobremesa. Por el contrario, si eres de los que se lleva la escritura a todas partes, necesitarás una mochila y un portátil.
  • Botón para producir café. Me temo que ningún modelo lo implementa, de momento, pero sería un gran avance.

LA POTENCIA MÍNIMA DE UN ORDENADOR PARA ESCRIBIR

Ya hemos hablado de cómo debe ser la carrocería de nuestro ordenador para escribir, pero, ¿qué motor necesitará?

Las aplicaciones gráficas, de simulación, animación 3D o los videojuegos de última generación (el «gaming») suelen requerir una máquina con las últimas prestaciones. Sin embargo, la escritura no consume apenas recursos. Cualquier ordenador nuevo nos servirá, sea Mac o PC, y mi recomendación es no complicarse. Si vas a comprar un ordenador nuevo para escribir, fíjate en el punto anterior, que sea cómodo, porque a partir de 200 o 300 euros cualquiera servirá.

En realidad, es probable que ni siquiera necesites comprar un ordenador nuevo si tienes ya uno. Un portátil de más de diez años, un cacharro que probablemente sea menos potente que tu actual teléfono móvil, puede servir muy bien para este cometido. Los requisitos mínimos de hardware para convertir un antiguo PC en un ordenador dedicado a la escritura vendrán determinados por el sistema operativo que queramos utilizar. A día de hoy, mis recomendaciones son Windows 10 y Linux Mint. Para las versiones de 32 bits, sus requerimientos mínimos son tan modestos como estos:

  • Windows 10: 1 GB de RAM, procesador a 1 GHz y 16 GB de disco duro
  • Linux Mint: 512 MB de RAM, procesador de 700 MHz, 9 GB de disco duro

Podemos jugar a hacer un viaje al extremo y utilizar ordenadores más básicos aún, incluso reliquias del siglo pasado, para escribir. Y lo haríamos con éxito. Mi primera novela la escribí en un Pentium a 120 MHz con 16 MB de RAM y 1 GB de disco duro, un aparato de los años noventa que en su día era una máquina maravillosa, de las más potentes que podían encontrarse en las tiendas. Cargaba Word 6 como procesador de textos, con opciones más que suficientes para abordar cualquier proyecto literario. Pero este extremo nos obligaría a colocarnos en la marginalidad, a utilizar software descatalogado y sin soporte, y a renunciar del todo a conectar con Internet.  Windows 10 y Linux Mint son sistemas operativos modernos con actualizaciones y soporte activo, fiables, que cuentan con un sinfín de aplicaciones y programas actuales y que permitirán que naveguemos por Internet para realizar todo lo que necesitamos como escritores: acceso a KDP y otras webs de autoedición, creación y mantenimiento de un blog, conexión a redes sociales, navegación para el trabajo de documentación o cualquier otra cosa. En definitiva, Windows 10 y Linux Mint son opciones que permiten utilizar un ordenador muy modesto no solo para la pura redacción, sino para realizar todo el trabajo adicional que necesitamos como escritores.

SOFTWARE: MI VIAJE A LINUX MINT

Windows 10, y también sus versiones 7 y 8, son opciones perfectas pero, a mi modo de ver, tienen dos grandes desventajas con respecto a Linux Mint.

En primer lugar, Windows 10 está pensado para trabajar en ordenadores con pocos recursos, pero no tanto en ordenadores con pocos recursos y, además, antiguos. Es probable que una instalación de Windows 10 en un ordenador con más de 10 años arroje ciertos problemas con los controladores. Por citar un par que he sufrido de primera mano en un ordenador de 2007 que cumple por los pelos los requisitos mínimos: es capaz de instalar y correr Windows 10, pero a la hora de trabajar encontraba incompatibilidades insalvables con el controlador de red -no conseguía una conexión estable por WiFi- y con el controlador de mi vieja pero maravillosa impresora láser (ni Microsoft ni HP han desarrollado los drivers necesarios para que esta máquina funcione en Windows 10). En definitiva,  Microsoft no ha desarrollado drivers que garanticen compatibilidad de Windows 10 con hardware muy antiguo. Sin embargo, Linux Mint reconoce y pone en marcha de forma automática y sin ningún problema una infinidad de componentes antiguos. Mi viejo Toshiba se conecta a Internet vía WiFi a la primera con Linux Mint, y en cuanto le conecté mi impresora HP Laserjet 1010 del año catapún, el ordenador por sí solo la reconoció, se configuró en cuestión de segundos y ya la tuve lista para imprimir.

En segundo lugar, Windows 10 necesita licencia, y por su precio de mercado no merece la pena comprar una para usar en un ordenador antiguo. Otra cosa es si disponemos de una licencia gratuita de estudiante o a través de cualquier otra opción legal. Por su parte, Linux Mint es gratuito siempre.

Software para escribir

Word es, probablemente, el procesador de texto más extendido. Cuenta con infinidad de opciones y con él se puede abordar cualquier proyecto literario. Se integra a la perfección con el resto de programas maravillosos de la suite de Microsoft Office, como Excel (para los que utilicen hojas de cálculo para planificar u organizar información adicional) o Publisher. El formato de documentos docx nos garantiza que nuestros documentos puedan ser leídos y editados casi por cualquiera: colaboradores, editoriales, etc. En definitiva, Word es una estupenda opción. Sin embargo, tiene tres inconvenientes:

  • No es gratuito: necesitaremos una licencia para usarlo.
  • Es apropiado para Windows. Aunque hay opciones para Mac y también maneras de hacerlo funcionar en Linux, solo recomendaría su uso en Windows.
  • No es un software específico de creación literaria. Word es un procesador de textos generalista que, por defecto, viene configurado más para realizar informes profesionales o tareas de oficina que de creación literaria. Sin ir más lejos, para algo tan básico en literatura como escribir el símbolo de la raya de los diálogos necesitaremos toquetear algunas cosas de configuración.

Por eso hay que tener en cuenta algunas alternativas que, aunque no sean tan extendidas como Word, solucionan algunos de sus (pocos) inconvenientes. Quiero destacar Writer y Scrivener.

El procesador de textos Writer de la suite informática LibreOffice es gratuito y cuenta con versiones para Windows, Mac y Linux. Es muy potente, con una batería de opciones similar a la que ofrece Word. Aunque también es de carácter generalista y enfocado a oficina, encuentro que tiene una textura más adecuada para la literatura, pero esto es una apreciación subjetiva y que responde a mis gustos personales.

Scrivener es un software diseñado de manera expresa para la escritura de ficción. Es la opción preferida de muchos novelistas. Cuenta con versiones para Mac y Windows. Es de pago, pero su precio es tan bajo que realmente no supone una barrera. Para Linux, cuenta con una versión gratuita,  anterior a las más actuales, sin soporte y que requiere algún ajuste adicional si tu idioma de creación es distinto del inglés. No son pocos los escritores que comienzan con Word o Writer y, según van adquiriendo experiencia en el oficio, tienden a migrar a un sistema pensado y diseñado para escritores como Scrivener u otras opcione alternativas en las que uno puede bucear casi sin límite: Ulysses, yWriter, Manuskript y muchas otras, sin olvidar los procesadores minimalistas que, más que la gestión de todos los aspectos de una novela, buscan la máxima concentración, como Focus Writer o Darkroom.

Por lo general, ninguna de las posibles opciones de procesadores de textos requerirá una potencia especial en tu ordenador.

Otro software

Un navegador web con el nos sintamos confortables será esencial (Firefox, Chrome, etc), así como visores de PDF serán herramientas absolutamente necesarias.

Si, además, vamos a trabajar la parte gráfica (ilustraciones, portadas), la de edición y maquetación profesional o la de creación de otros contenidos como podcasts o booktrailers (audiovisual), entonces debemos estar atentos: quizá necesitemos un ordenador potente y más caro, y debamos empezarnos a preocupar por su RAM, su procesador y su precio. Pero esto ya cae fuera del ámbito de lo que pretende abordar este post, es otra historia que debe contarse en otra ocasión.

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La bruja Maruja

Acabo de publicar «La bruja Maruja y su castillo». Se trata de un cuento infantil y el proceso de elaboración ha sido precioso.

A la bruja Maruja no le gusta compartir nada con nadie. Lo que más desea en el mundo es vivir sola, lejos de todos. Pero, una vez que consigue comprar su propio castillo, ocurre algo inesperado. ¿Quieres descubrirlo?

Lo inventé junto con mi hijo, cuando tenía cuatro años. Él aportó los elementos iniciales y el giro principal de la trama. Yo puse las cosas en orden y apliqué una estructura sencilla pero eficaz. Ese planteamiento, nudo y desenlace que en los cuentos de niños puede concretarse en presentación del personaje, problema y solución con final feliz. Todo esto de forma oral, hablada, con apoyo de una libreta en la que esbocé unos dibujos para acompañar la narración.

Este juego de inventar un cuento lo habíamos hecho otras veces mi hijo y yo. En esta ocasión, el resultado fue muy divertido, la aportación del niño muy enriquecedora y el resultado muy redondeado. Decidí pulirlo y emprender el camino para convertirlo en un cuento de verdad.

Alcancé muy pronto una redacción del texto satisfactoria. Pasar del oral al escrito, además, suele aportar orden y ayuda a mejorar la estructura. Después, empecé a concebir el formato del libro y a decidir algunos aspectos del diseño que, aunque ya los sabía por intuición, me sorprendieron cuando tomé conciencia de todos ellos.

  • Letra ligada. Los niños de 4 años comienzan a familiarizarse con las letras, es el inicio del aprendizaje de la lectura. El tipo de letra que se utiliza en los colegios no es letra de imprenta, sino letra ligada, de tipo manuscrita y que presenta una continuidad del trazo dentro de una misma palabra. Como padre comprador de cuentos, me ha costado encontrar ediciones que utilicen este tipo de letra. Hay algunas, muy buenas, pero la mayoría utilizan tipografías de imprenta. Tuve claro desde el primer minuto que «La bruja Maruja» tendría letra ligada.
  • Tamaño de letra grande. Por la misma razón. El cuento va dirigido a niños que están empezando su aprendizaje de la lectura y el adulto que lee el cuento puede seguir con el dedo palabra a palabra. También va dirigido a los niños que han aprendido ya a leer y se enfrentan a sus primeras lecturas autónomas. El tamaño de letra, en cualquiera de los casos, debe ser grande.
  • Ilustrado y a todo color. En los cuentos infantiles de esta edad, la imagen es crucial. De hecho, es hasta más importante que el propio texto. Desde la primera redacción de «La bruja Maruja y su castillo» tuve en cuenta que cada párrafo correspondería con un dibujo. Así, el manuscrito del cuento estaba compuesto ya en su primera versión por una sucesión de escenas sencillas.
  • Formato cuadrado. La mayoría de los cuentos infantiles que forman parte de la biblioteca de mi hijo son cuadrados. Es el formato más cómodo, y el más apropiado para una publicación en la que los dibujos van a ser protagonistas.

Con estas premisas, invité a mi amigo Alberto GG a ilustrar el cuento. Además de ser un estupendo dibujante, tiene experiencia con tiras cómicas y sabría sacarle todo el partido a un texto divertido. También se maneja a la perfección con las herramientas digitales necesarias para crear un PDF profesional, algo imprescindible para plantearnos una edición propia. Pero, por encima de todo, Alberto es uno de mis mejores amigos.

El proceso de creación de las ilustraciones, la portada, la tripa o interior del libro, la sinopsis y todos los elementos adicionales llevó meses. Mi hijo fue testigo de los avances, y mi mujer una crítica atenta a los detalles y constructiva.

Con todo preparado, enfrentamos el proceso de publicación en Amazon. Tras validar un primer ejemplar de prueba y superar todas las revisiones necesarias, por fin ha salido a la venta. ¡A tiempo para las navidades!

El laberinto de la ficción interactiva

En 1990, con once añitos, redacté mi primer librojuego: “El laberinto”. Lo creé a imagen y semejanza de la colección original de “Elige tu propia aventura”, una de mis principales lecturas de niño.
Hace un tiempo rescaté “El laberinto” de casa de mis padres. Es todo artesano. Todo, todo. Está hecho con folios A4 plegados en formato cuadernillo de manera que el tamaño final es A5, a modo de libro. Son 14 pliegos, el más exterior hace de portada y contraportada pero sólo se conserva la portada. Los otros 13 juntan 52 páginas, 48 de ellos son de contenido, es decir, es un librojuego con 48 secciones. El librito incluye 22 dibujos, 18 historias o finales posibles, y en su interior reza un genial “terminado el día 27 de octubre de 1990”.

Hace exactamente 28 años.

Portada artesana

Los dibujos son hechos directamente sobre el original con lápiz y coloreados con pinturas de palo. ¡Ilustraciones a color! En esto superaba a los de “Elige tu propia aventura”. La portada, por eso de diferenciarla, tenía el lápiz repasado con rotulador. Está escrito a máquina, con la máquina de escribir mecánica que por aquella época teníamos en casa, una Olympia AEG Traveller de Luxe que aún conservo y que incluso sigo utilizando. Recuerdo que tenía que meter cada folio A4 ya doblado en tamaño A5, calcular qué página tocaba en cada caso y teclear. Esto no era trivial para un niño de 11 años, porque al plegar los 14 folios el orden de las páginas no es consecutivo. Tampoco era trivial generar un árbol de decisión, ese esquema que relaciona las secciones con los caminos que llegan o salen de ellas, o asegurarme de que todo el libro era explorable y no quedaba ninguna historia por cerrar. La encuadernación me la hizo mi madre. La grapadora no era suficientemente grande como para llegar al centro del cuadernillo. Ella me lo cosió con hilo grueso y ahí sigue sosteniendo las páginas casi tres décadas después.

Páginas centrales del libro, con el hilo de la encuadernación cosida a la vista

Por lo demás… los dibujos son regulares, secundarios porque tenían como función rellenar huecos blancos, lo que se conoce (aunque entonces no lo sabía) como «ilustraciones de paso». No incluí ninguna a página completa.

El texto tiene faltas de ortografía, repetición de palabras y una textura que recuerda en cada párrafo que detrás hay un autor niño. La temática puede ser una de las más simples de concebir, muy similar a “La cueva del tiempo” de Edward Packard, el primer número de “Elige tu propia aventura”, una cueva que se bifurca como un laberinto que conduce a diferentes lugares e incluso épocas.

Páginas con ilustraciones a color en los huecos que no llenó el texto

Imagino que no fui el único niño obsesionado en los años 80 y los inicios de los 90 con los libros de “Elige tu propia aventura”. Supongo también que hubo muchos otros chavales que, como yo, se lanzaron a escribir librojuegos. Esta obra la terminé y tenerla acabada entre las manos era una sensación estupenda. Incluso hoy, ahora mismo, me emociono al hojearlo y releer algunas aventuras.

Tras completar “El laberinto”, comencé otro librojuego de ciencia ficción mucho más ambicioso. Se complicó y se quedó inconcluso: más de 160 secciones, si no recuerdo mal, varias historias aún abiertas y alguna de ellas tomando fuerza como para formar un relato independiente. Recuerdo tardes enteras tecleando con mi Traveller de Luxe y apilando folios escritos. Por aquel entonces los folios en blanco me parecían tan valiosos y preciados como el oro puro. Aquello era todo un trabajo, pero recuerdo ser plenamente feliz persiguiendo, tecla a tecla, a velocidad de dedos infantiles, la traducción a texto de todo lo que iba imaginando. ¡Qué libertad aquella! Escribir librojuegos me permitía crear multitud de caminos, no hacía falta descartar historias contradictorias porque podía plasmarlas todas. Eso era absolutamente delicioso.

Lo es todavía.

Desde hace unas semanas, estoy redactando una nueva ficción interactiva. Va dirigida a un público infantil y tiene una estructura sencilla. No presenta más sistema de juego que la pura toma de decisiones, igual que los libros de la serie original de «Elige tu propia aventura» o que mi primer libro interactivo «El laberinto». Ahora escribo en ordenador, uso procesador de textos para el cuerpo del libro, hoja de cálculo para controlar las secciones y páginas escritas y un programa de dibujo para representar el árbol de decisiones.  También, aplico todo lo que he aprendido en los últimos veintiocho años, pero sin olvidar la esencia. Mis sobrinos, mi hijo y el recuerdo de mi yo de niño me ayudan a encontrar el pulso de la narración. Las herramientas y los recursos que tengo hoy son otros, más potentes, pero el placer de escribir es el mismo. Estoy deseando terminar el libro, testearlo y ponerlo en circulación. Hasta entonces, dejadme mantener en secreto de qué trata 😉

Las vidas de los cuentos

El podcast A voz en cuento ha publicado la versión en audio de mi relato Linda Pituitaria. Conozco a José Jesús, creador de este maravilloso podcast literario desde hace años. No es la primera vez que alguno de mis textos encuentran, gracias a su buen hacer, una versión en audio. Participé con una lectura, esta vez en mi propia voz, en el Segundo especial de poesía allá por 2014, y más recientemente con Ideas para Lucía, el cuento de obertura en mi libro de relatos de realismo mágico Naksatra.

La versión oral en podcast les ha dado una nueva vida a estos textos. Esto me ha hecho pensar en el ciclo de vida de un cuento, y he descubierto que puede ser más largo, interesante y provechoso de lo que podemos pensar al inicio. Por eso en esta entrada quiero incluir una relación de las posibles vidas que puede recorrer un cuento. Si tienes un relato recién terminado, corregido, estás listo para lanzarlo a la aventura y recorrer infinidad de caminos.

  1. Concursos literarios. La cantidad de concursos literarios que incluyen una categoría de cuento o relato es enorme. La mayoría de los concursos exigirá que los textos sean originales e inéditos. Por eso son el primer paso, ya que sólo podremos optar a concursos en esta primera fase en la que el relato está recién cocinado y aún no ha salido de nuestro disco duro. Es una opción excelente, ya que un premio aporta tanto al currículum del autor como al valor del propio cuento premiado. Las convocatorias son tan numerosas que seguramente encontremos varias que se adapten a nuestra obra, por temática, extensión y demás condiciones que establezcan las bases. El único inconveniente de los concurso es que, mientras un relato está en competición, no podemos utilizarlo para otros propósitos. La buena noticia es que los concuros de relato suelen tener plazos más que razonables en los que se conoce el ganador. Uno de los mejores lugares para encontrar convocatorias para concursos es la lista que publica escritores.org. Muchos concursos incluyen, como parte del premio, la publicación del texto en alguna revista, antología o lugar de Internet.
  2. Publicación individual. Un relato puede publicarse de forma aislada. Puede ser en papel en formato cuadernillo, en digital, en plataformas como Wattpad o como entrada en un blog de literatura, propio o como invitado. No será un libro, pero hay muchas formas de publicar textos breves que, por extensión, no encajan en el concepto de libro. Si lo publicamos en formato digital, es importante ser honesto con los lectores y dejar muy claro que se trata de un relato breve, ya que si compran la obra pensando que será una novela para pasar tardes de sillón y chimenea se llevarán un disgusto.
  3. Inclusión en una revista. Varios de mis cuentos estás repartidos en revistas como La hoja azul en blanco o Astrolabium. En este tipo de publicaciones, tu cuento estará acompañado por otros de distintos autores. Las revistas suelen tener detrás círculos de escritores o lectores, por lo que resulta muy gratificante contribuir en ellas.
  4. Antología de varios autores. Similar a la revista, otra manera de darle vida a un buen texto es incluirlo en una antología de varios autores. Estas antologías suelen responder a un elemento común: temática, tipos de autores, o cualquier relación que sirva para explicarle a un lector qué tipos de relatos va a encontrar. Por ejemplo, una antología de ciencia ficción que trata el tema de viajes temporales. Las antologías no sólo las proponen las editoriales, también las comunidades o grupos de escritores, sean de Internet o asociaciones locales, suelen plantear este formato para crear una obra que dé cabida a una representación interesante de sus miembros.
  5. Libro de relatos propios. Este es el paso que di en su día con Naksatra. Requiere más esfuerzo ya que son necesarios varios relatos para conformar una obra, y tampoco vale juntar todo lo uno escribe tal cual: el libro debe tener sentido y coherencia como unidad. No funcionará bien si es un conglomerado de cuentos muy dispares. Las ventajas son evidentes, pero una a destacar es conseguir agrupar las obras que uno puede tener dispersas en revistas, antologías y rincones de Internet y presentarla de forma ordenada a los lectores. En realidad, para mí el libro de relatos propios es el punto principal, la residencia habitual para tu relato y, aunque lo saques de vacaciones a participar en revistas o antologías, será también el punto de retorno y referencia.
  6. Podcast. Lo más maravilloso del podcast es que el cuento escapa del formato texto, sea impreso en papel o en pantalla, y encuentra una vía muy interesante en el audio. Tu cuento como sonido puede ser compañero de cocina, deporte, viaje en coche, paseo o de tareas de la casa. Igual que la radio. Es una vida extra de lo más interesante.

Estas vidas son, en general, bastante clásicas. Es posible ampliar aún más las posibilidades de un texto si nos atrevemos a experimentar con él con formas más arriesgadas. Por eso, cuando terminéis un cuento, pensad en él como una pieza de LEGO con la que podéis jugar y encajar en multitud de diferentes construcciones. Linda Pituitaria, diecisiete años después de su primera publicación, sigue demostrando que es un cuento vigente, vivo y capaz todavía de dar sorpresas y alegrías.

 

Imagen: uno de los caminos que puede tomar un cuento. Tomada de Pixabay.

Alcorque nº 4 (1996)

Revista Alcorque, nº 4 (junio 1996)

El número 4 de la revista Alcorque tenía cierto porte de madurez. Utilizar un papel de color amarillo pastel fue un acierto: aunque seguía siendo un conjunto de fotocopias grapadas, a la vista tenía una apariencia más interesante. El interior había perdido ese gamberrismo en la maquetación del número 3, el anterior. Ahora, visto con la perspectiva de los años, creo que perdimos la oportunidad de seguir la senda fresca de recortar revistas sin piedad y mezclar sus trozos con nuestros textos en un frankenstein divertido y diferente. En ese modelo la literatura no era la única protagonista de la revista, y quizá por eso el número 4 de Alcorque velaba más por el bienestar de los versos y renglones y redujo el protagonismo de tijeras, recortes y pegamento.

Este número se dedicó a la poesía. Por aquella época, solía juntar versos de vez en cuando, y disfrutaba especialmente jugando a construir todo tipo de estrofas clásicas. No hice mucho caso a los romances, había escrito de niño un buen número de ellos, cuentos en formato de octosílabos, en realidad. En 1996, me gustaba más mezclar heptasílabos y endecasílabos, me forzaba a intentar cuadrar sonetos de vez en cuando y decidí que mi estrofa favorita era la lira. Lo sigue siendo. Creo que la verdadera razón fue que preferí los versos de métrica impar, me parecían más afines a lo fantástico, lo maravilloso y lo elevado que los versos con un número de sílabas par. Los octosílabos de los romances me parecían llanos, pegados a la tierra, enraizados casi, y aquello casaba poco con la adolescencia, menos aún en la mía que tenía la cabeza puesta en estrellas, planetas, agujeros negros, nebulosas, galaxias y, claro, en las chicas.

En una revista dedicada a los versos, los dos poemas breves que incluí quedaron sin duda por debajo del nivel medio de los textos de mis compañeros. Aprendí de nuevo de Ana Garrido y Juan José Alcolea, inseparables ya en Alcorque, y del resto de compañeros. En esta revista, además, escribió Consuelo Cerejido, nuestra profesora del aula de creación literaria, pero se decantó por una reseña. Habló sobre «La piel del tambor» de Arturo Pérez-Reverte, que leí poco después.

La revista salió a la luz en junio de 1996. Aquel curso terminó y Alcorque se diluyó, nunca hubo un número 5. Ni siquiera recuerdo por qué en el siguiente curso no retomamos este proyecto. Desde luego, seguí escribiendo, pero no volvería a colaborar en una revista hasta que recalé en la asociación de escritores Verbo Azul de Alcorcón y trabajamos en La hoja azul en blanco. Pero aquello no ocurrió hasta 2001.

Alcorque, hoyo que se hace al pie de las plantas para detener el agua en los riegos, según la RAE y para la mayoría de la gente. Para muchos, una palabra de la que incluso desconocen el significado. Pará mí, una palabra mágica que me trae muy buenos recuerdos. Unos puñados de fotocopias grapadas que por su edición no llegan ni a la categoría de libro de bolsillo y que, sin embargo, ocupan un lugar de honor en mi salón. Una aventura de un grupo de aprendices de escritores, una experiencia que pude compartir con compañeros de mayor talento y experiencia. Somos muy pocos los que podemos decir que hemos publicado en los cuatro números de Alcorque: María Alandes, Ana Garrido, Lucía Hernández, Lucía Escamilla, Pilar Adón y yo. Sé que Pilar Adón y Ana Garrido han seguido escribiendo, ganando premios y publicando. Del resto, espero que sigan haciéndolo. Aún queda agua detenida.